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24 líneas por segundo: Las dos velocidades del cine

Por Mex Faliero

(@mexfaliero)

En lo que duran los dos primeros planos de Memoria, la última película Apichatpong Weerasethakul, el Baz Luhrmann de Elvis ya te contó 45 cosas. No encuentro extremos más opuestos en el cine del presente: la exacerbación del plano fijo y lo observacional, contra la apología del montaje vertiginoso y la sobre-estimulación. Según del lado que cada uno se pare, se puede suponer que en esta definición existe un juicio de valor que pone a uno por encima del otro. Quienes rechazan el cine de apuestas como las que hace Weerasethakul pensarán que quiero señalar el tedio que genera su obra. Quienes repelen el constante movimiento del cine de Luhrmann pensarán que estoy remarcando el carácter banal de sus películas. Pero no, al ver Memoria y al ver Elvis lo que observo es a dos directores en absoluto dominio de sus formas, en dos velocidades diferentes. En el fondo, no dejan de ser parecidos, como le diría el Coronel Parker a Presley: ambos piensan aquello que cuentan a partir de sus propias obsesiones formales, que son extremas y se alejan del punto medio por el que transita el cine más habitual. Weerasethakul nos obliga concentrarnos en el plano, mientras tratamos de decodificar lo extraño que sucede en cada imagen. Luhrmann nos lleva de paseo dentro de cada plano, que parece contener una mini-película en sí mismo: se podría decir que sus películas son diferentes según aquello que uno logre atrapar de cada plano. Claro que hay un riesgo de caer en la redundancia (le ofrecen al espectador aquello que espera ver en sus películas), pero a la vez una apuesta: ver cómo, de qué forma, cada uno puede seguir rizando el rizo de su cine. Lo que en el fondo sobresale, de todos modos, es la idea de que el cine todavía está vivo y late en las miradas que realizadores como Weerasethakul y Luhrmann tienen. Es verdad que cada vez son menos los que tiene la capacidad de seducirnos, pero también habría que ver cuán doradas eran las épocas doradas, y si la inevitable amplitud que tenemos hoy es imposible de cotejar con el recorte que hacemos del pasado. El cine está vivo en cada plano largo de Weerasethakul contemplando lo inasible y lo extraño, y también lo está en cada corte de Luhrmann intentando contener la excitación de un momento. Celebremos que las salas todavía tengan lugar para estas cosas.


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