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Stranger things 4 – Volumen 1

Por Rodrigo Seijas

(@rodma28)

La espera valió la pena: la cuarta temporada de Stranger things, al menos en su primera parte, no solo estuvo a la altura del legado de la serie, sino que incluso por momentos rompió con sus techos de calidad. Las razones hay que buscarlas, inicialmente, en los rangos de ambición que desplegaron los creadores y showrunners, Matt y Ross Duffer, que pusieron toda la carne al asador, en prácticamente todos los aspectos. No solo en la duración de los episodios (casi todos arriba de la hora y cuarto, excepto uno, que igual dura más de una hora), sino también en cómo trazan múltiples líneas narrativas que llevan las acciones no solo a distintos espacios, sino también tiempos. Ahí tenemos entonces a Eleven lidiando primero con el bullying escolar en California y luego retornando a ese antiguo hogar que fue el laboratorio para recuperar sus poderes; la pandilla investigando una serie de asesinatos sobrenaturales en Hawkins; y Murray y Joyce yendo primero a Alaska y luego a Rusia para rescatar a Hopper de una cárcel soviética. En el medio, irrumpe una nueva facción militar interesada en quedarse con los poderes de Eleven y reaparece ese ambiguo personaje que es el Doctor Martin Brenner. Pero, principalmente, surge, progresivamente, una nueva amenaza desde ese mundo paralelo que es el Otro Lado, con un nivel de entidad y consistencia mucho más preciso. Los Duffer acuden a todo el entramado cultural vinculado con Calabozos y dragones para repensar y potenciar su propia mitología, la combinan con elementos del thriller de misterio y un trabajo mucho más profundo centrado en las atmósferas del terror. De hecho, el breve cameo de Robert Englund no solo es un guiño a los fanáticos, sino una muestra cabal del posicionamiento que adopta la narración, donde lo traumático se enlaza con lo pesadillesco, para así saltar al campo de la realidad de los protagonistas. Y eso se percibe porque la historia, a pesar de saltar de un lugar a otro, con tramas y subtramas de todo tipo, siempre se las arregla para mantener una cierta coherencia. Se podrá cuestionar que los dos primeros capítulos lucen algo estirados y que algunos personajes, como Mike, Will y Jonathan, terminan algo relegados por eventos más relevantes que se imponen a su accidentado viaje de vuelta a Hawkins. Sin embargo, frente a esto, Stranger things exhibe un cuidado y cariño por sus protagonistas que también es una evidencia de la preocupación por la conexión con el espectador. La cumbre de esa apuesta está en el episodio Dear Billy -dirigido estupendamente por Shawn Levy-, que es una verdadera montaña rusa donde se entrelazan una carrera frenética por la supervivencia de Max; acertados homenajes a obras tan disímiles como El silencio de los inocentes y El gran escape; y un cierre realmente conmovedor, que utiliza el tema Running up that hill, de Kate Bush, con una sensibilidad e inteligencia muy difícil de igualar. A eso hay que sumarle el capítulo que cierre esta primera parte, The massacre at Hawkins Lab, que ata una gran cantidad de cabos con mucha habilidad. Todo queda abierto de cara al segundo volumen, que estará compuesto por solo dos episodios, aunque el segundo de ellos tiene una duración anunciada de 139 minutos, que está cerca de ser un récord para el ámbito televisivo y el streaming. La vara, nuevamente, ha quedado alta: indudablemente, Stranger things ya es capaz de mirarse a sí misma y reformularse ante nuestros ojos sin caer en ombliguismos. Es, a pesar de su carácter enciclopédico y su vocación por las citas, una serie que brilla con luz propia y capaz de ser universal.

-Los siete episodios de la Stranger things 4 – Volumen 1 están disponibles en Netflix. El Volumen 2 se estrena el 1 de julio.


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