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El hombre de Toronto

Título original: The Man from Toronto
Origen: EE.UU.
Dirección: Patrick Hughes
Guión: Robbie Fox, Chris Bremner
Intérpretes: Kevin Hart, Woody Harrelson, Jasmine Mathews, Kaley Cuoco, Pierson Fode, Ellen Barkin, Jencarlos Canela, Ronnie Rowe, Alejandro De Hoyos, Lela Loren, Rob Archer, Kate Drummond, Martin Roach, Patrick Garrow, Jason MacDonald, Kyle Gatehouse, Tomohisa Yamashita, Oleg Taktarov, Glenn Ennis, Justin Howell, Nathaniel Shuker
Fotografía: Rob Hardy
Montaje: Craig Alpert
Música: Ramin Djawadi
Duración: 110 minutos
Año: 2022
Plataforma: Netflix


5 puntos


UNA PEQUEÑA DECEPCIÓN

Por Rodrigo Seijas

(@rodma28)

Había algunos motivos como para ilusionarse con El hombre de Toronto, o al menos ser moderadamente optimista. En primer lugar, las presencias de Kevin Hart, que es productivo actoral y creativamente cuando se pone al servicio de lo que se cuenta y no quiere montar un show propio; y de Woody Harrelson, un actor rendidor, que sabe adaptarse a cualquier territorio genérico. Y, en segunda instancia, lo que podía aportar detrás de cámara Patrick Hughes, que ya había demostrado en las dos entregas de Duro de cuidar que podía equilibrar y fusionar la comedia y la acción con resultados tan disparatados como estimulantes. Sin embargo, las expectativas están lejos de cumplirse en un film al que le cuesta salir de fórmulas conocidas.

Y eso que había potencial en la trama, centrada en Teddy (Hart), un tipo bastante perdedor que, por una serie de equívocos (de los cuales la mayoría se deben a su torpeza), termina siendo confundido con un asesino a sueldo conocido en el mundo criminal como “el hombre de Toronto” (Harrelson). A partir de ahí, se verá forzado a participar de una operación encubierta del FBI y luego a trabajar en conjunto con este profesional del homicidio y la tortura. En el medio, mientras lucha por su supervivencia, deberá replantearse su vida y el vínculo con su pareja, a la que establecerá un lazo bastante particular con ese hombre enigmático y violento que lo arrastra a su misión, y que progresivamente irá mostrando un lado más humano.

Si bien el argumento planteaba toda una serie de lugares comunes -desde la confusión de identidades hasta el esquema de pareja despareja, pasando por el humor sostenido en la acción hiperbólica-, había un margen considerable para retorcer géneros y subgéneros en base al espíritu lúdico y/o la comedia negra. Sin embargo, esa creatividad solo aparece a cuentagotas, en buena medida porque Hughes descansa en exceso en las capacidades histriónicas de Hart -quien solo se muestra explosivo de a ratos- y en la solidez interpretativa de Harrelson, que se maneja con algo de cómodo desgano en el rol del psicópata poco expresivo y solo en algunos pasajes explora su faceta más oscura. De hecho, el realizador prácticamente no se atreve a romper con la previsibilidad del relato, tanto desde lo formal como lo narrativo. Así, la película solo tiene contados chispazos de diversión desatada, como una escena donde tiene lugar un interrogatorio que va adquiriendo connotaciones literalmente vomitivas y otra donde se despliega un falso plano secuencia que funciona realmente muy bien. No hay mucho más que eso, en gran parte porque tampoco hay personajes realmente atractivos que accionen de forma disruptiva para capturar la atención del espectador.

Al no permitirse un vuelco decidido al delirio y lo imprevisible, El hombre de Toronto apenas se limita a cumplir con las expectativas mínimas. Y eso lleva a que sea una comedia a reglamento, sin vocación por el riesgo y que, paradójicamente, al hacer una apuesta tan a lo seguro, termina decepcionando. De ahí que sea un retroceso para Hart y Harrelson, pero especialmente para Hughes, que venía insinuando una mirada propia que aquí está ausente.


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