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Oslo

Título original: Idem
Origen: EE.UU.
Dirección: Bartlett Sher
Guión: J.T. Rogers, basado en su obra de teatro
Intérpretes: Ruth Wilson, Andrew Scott, Jeff Wilbusch, Salim Dau, Waleed Zuaiter, Igal Naor, Doval’e Glickman, Rotem Keinan, Itzik Cohen, Tobias Zilliacus, Sasson Gabai, Geraldine Alexander, Adam Vacula
Fotografía: Janusz Kaminski
Montaje: Jay Rabinowitz
Música: Zoe Keating, Jeff Russo
Duración: 118 minutos
Año: 2021
Plataforma: HBO


5 puntos


DIPLOMACIA

Por Mex Faliero

(@mexfaliero)

Entre 1992 y 1993 se llevaron a cabo una serie de reuniones secretas entre representantes de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y el gobierno de Israel, con el objetivo de alcanzar algún tipo de acuerdo diplomático y lograr la paz en la región. Las reuniones fueron coordinadas por un matrimonio noruego que trabaja en acciones diplomáticas y que no sin esfuerzo logró acercar las partes y reunirlas, un poco a regañadientes, a puertas cerradas y sin intervención externa, en un hotel de Oslo. Precisamente esos encuentros que derivaron en la firma de un acuerdo de paz es lo que registra Oslo, película basada en una obra de teatro adaptada por su propio autor, J.T. Rogers. La idea de teatro filmado está presente desde el vamos en el film de Bartlett Sher, aunque por esta vez la puesta en escena casi de película de cámara le sienta bien ya que la atención está puesta en esos encuentros y en esos diálogos punzantes que se arrojan los representantes de un lado y del otro.

Como mucho del cine contemporáneo que adapta obras de teatro, hay una intención de sacar la acción del único espacio con el objetivo de darle más aire al relato y no parecer demasiado quieto narrativamente, pero como ocurre siempre esos intentos son en vano ya que las escenas ajenas al conflicto central aportan poco y nada. Lo que importa aquí, como decíamos antes, son esos diálogos entre israelíes y palestinos que desnudan verdades y vaguedades de ambas partes, diálogos jugados con un texto inteligente, a veces pasado de rosca en su nivel de ingenio por la forma en que los personajes parecen todos salidos de un show de stand-up y siempre tienen la respuesta oportuna (especialmente quienes representan a Israel y Palestina son más caricaturas que otra cosa). Sher acierta un poco en la tensión progresiva que va teniendo la historia, aprovecha por momentos ese único espacio y potencia el nervio ascendente ante un acuerdo que parece condenado a naufragar. Sin embargo el texto tiene una dosis de sátira que el director no termina de comprender del todo, más preocupado como está en ser verista o cercano a cierta fuente historicista.

Lo que no se puede disimular al ver Oslo es que se trata de una película producida por Steven Spielberg. Parece haber en esta historia algunos elementos cercanos a los de películas como Puente de espías, por la forma algo ingenua en que se piensan las soluciones a los conflictos. Ese humanismo un poco exacerbado que muchas veces empantana las películas del director de Munich y las hace ver simplificadas, aparece aquí, aunque con la contrariedad de que Sher no es Spielberg, y carece de su sabiduría narrativa para disimular aquellos pasajes en los que el film cae en lo banal. Quienes conozcan un poco la historia y sepan lo que pasó con el primer ministro israelí Isaac Rabin, sabrán que lo que cuenta Oslo es -en el fondo- la crónica de un fracaso. Ese aire trágico se respira un poco hacia el final, aunque son las imágenes documentales las que llegan para darle un poco de brío al relato. Sin ser un film solemne, Oslo peca de una medianía algo perezosa: un film apenas correcto, sumamente profesional, cuyo tema merecía un tratamiento mucho más apasionado.

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