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Tom Clancy: sin remordimientos

Título original: Without remorse
Origen: EE.UU.
Dirección: Stefano Sollima
Guión: Taylor Sheridan y Will Staples, basado en la novela de Tom Clancy
Intérpretes: Michael B. Jordan, Jodie Turner-Smith, Jamie Bell, Guy Pearce, Lauren London, Jacob Scipio, Todd Lasance, Jack Kesy, Lucy Russell, Cam Gigandet, Luke Mitchell, Artjom Gilz, Brett Gelman, Merab Ninidze, Alexander Mercury, Colman Domingo, Rae Lim
Fotografía: Philippe Rousselot
Montaje: Matthew Newman
Música: Jon Thor Birgisson
Duración: 109 minutos
Año: 2021


4 puntos


DEMASIADOS REMORDIMIENTOS

Por Rodrigo Seijas

(@rodma28)

La relación de Tom Clancy con el cine y la televisión ha sido ambivalente: una gran película de submarinos como La caza al Octubre Rojo; entretenimientos aceptables como Juego de patriotas, Peligro inminente y La suma de todos los miedos; experimentos fallidos como Código sombra: Jack Ryan; y una serie despareja como Jack Ryan. Los relatos de espías que imaginaba el autor no terminan de encontrar un lugar cómodo dentro del Hollywood actual, dominado por los Jason Bourne y los James Bond. Quizás eso explique por qué Clancy prefirió incluso prestarle más atención al ámbito de los videojuegos, para que el desarrolló creaciones como Rainbow Six, Shadow Watch, Ghost Recon, Splinter Cell y The Division. Quizás eso explique por qué se elige adaptar las aventuras de John Clark, su personaje más físico y oscuro, bastante distinto al pensante y estratégico analista de la CIA que es Jack Ryan.

Sin embargo, Tom Clancy: sin remordimientos, que llega a través de la plataforma Amazon Prime Video, no viene a aportar nada nuevo y está lejos de los resultados esperados. Empezando por un guión escrito por Taylor Sheridan (posiblemente en sus ratos libres entre la serie Yellowstone y otros proyectos cinematográficos como director) y Will Staples, que se estructura como un relato de pérdida y venganza, con las intrigas de política y espionaje como marco. Tenemos entonces a John Kelly (Michael B. Jordan), un Navy SEAL que participa de una misión encubierta donde, inesperadamente, las fuerzas enemigas están integradas por rusos. Cuando vuelve a su hogar, es víctima de una especie de contraoperación contra él y sus colegas donde muere su esposa, que encima estaba embarazada. Furioso, emprende un recorrido para tomarse revancha, pero termina topándose con un entramado conspirativo que va hasta los niveles más altos de la CIA. Si todo esto ya suena a visto varias veces, la narración hace pocos esfuerzos por delinear rasgos originales y poco podemos encontrar de la ambigüedad y complejidad que suelen ser las marcas registradas de Sheridan, como en Viento salvaje y Sin nada que perder.

El otro gran ausente en Tom Clancy: sin remordimientos es el director Stefano Sollima, que hasta ahora no demostrado una huella visible como realizador, pero que por lo menos había mostrado cierta sapiencia en Sicario: día del soldado. Acá filma totalmente a reglamento y, sin una base estética como en aquella secuela -que se apoyaba bastante en lo que había dejado su predecesora-, solo se limita con empujar para adelante el conflicto. Apenas si se puede rescatar la secuencia de montaje donde vemos cómo asesinan a los compañeros de Kelly antes de ir por él, que contiene una violencia seca y sorpresiva que insinuaba otro recorrido para la película. Pero no, Sollima se conforma con ir de una escena a otra, mientras los personajes explican constantemente lo que sucede, lo que sienten, los dilemas morales, quién es sospechoso, quién es el malo, quién es el bueno, etcétera, etcétera.

Todo se vuelve rápidamente obvio y predecible en Tom Clancy: sin remordimientos, que a pesar de su título sigue a un protagonista plagado de remordimientos, con resentimientos y carga de culpa dignos de un manual de psicología básica. Quizás sea porque no le importa la narrativa de espionaje y de acción, sino constituirse en un vehículo para el estrellato de Jordan, que posiblemente sea uno de los actores más sobrevalorados de los últimos años. En eso, a su manera -totalmente contraproducente-, la película cumple: todo es un show de intensidad por parte de Jordan, que está todo el tiempo con cara de velorio y soltando diatribas moralistas sobre cómo Estados Unidos traicionó a su personaje (que igual sale a liquidar tipos con el amparo del gobierno estadounidense), al mismo tiempo que busca cualquier excusa para exhibir musculatura. El tufillo a politiquería barata está muy presente en Tom Clancy: sin remordimientos, aunque eso no le impida concretar -a los tumbos- su objetivo final, que es dejar todo abierto para el comienzo de una nueva franquicia. Que, por cierto, a priori luce muy poco interesante.

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