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24 líneas por segundo: Los Oscar de hoy en día

Por Mex Faliero

(@mexfaliero)

Pasaron los Oscar. Unos Oscar más si uno piensa en cómo ganaron casi todos los que más o menos se esperaba, aunque no “unos Oscar más” si pensamos en cómo se desarrolló la ceremonia y las repercusiones que hubo al respecto. Obviamente la pandemia afectó a la industria audiovisual de todo el mundo y en todos los rubros que participan del negocio: desde la misma producción audiovisual hasta las salas cine, pasando por los festivales, incluso ahora mismo las plataformas comienzan a sentir el peso de la falta de películas y series y salen de compras por diversos mercados para conseguir material. Con todo esto, las entregas de premios también se iban a ver afectadas. En primera instancia tuvieron que demorar sus fechas y, finalmente ante la evidencia de que esto no iba a cambiar en lo inmediato, se realizaron con protocolos, barbijos y poca imaginación. Porque lo del Oscar fue un exceso de descuido sobre cómo montar un espectáculo más o menos entretenido en medio de una serie de complicaciones. De todos modos lo del Oscar no es nuevo, y hay otros motivos que conducen hasta este tipo de ceremonia apática. Hasta se podría decir que la pandemia terminó por definir un formato buscado desde hace años. Todo nos lleva hasta el 2002, la primera entrega post 11 de Septiembre y la necesidad de apostar a la austeridad porque no eran tiempos para risas. Desde ahí, el Oscar no se recuperó nunca más por propia inutilidad y por condimentos externos: la necesidad de recortar minutos para que la ceremonia no sea tan extensa; la necesidad de que los conductores no hagan chistes incorrectos para que nadie se ofenda; la necesidad de entregar premios por el gesto antes que por un criterio artístico (sea errado o no); la necesidad de congraciarse con todos los sectores que reclaman algo; la necesidad de premiar el cine pequeño porque se supone que ahí está la posta; la necesidad de las estrellas por mostrarse como vos y como yo, y no al revés como en la época dorada de Hollywood; la necesidad de suprimir todo tipo de glamour porque, parece, ya no queda bien en tiempos donde las estrellas se muestran cocinando canelones en Instagram. Podríamos decir que el Oscar, en cierta medida, fue acompañando el desarrollo de la sociedad en este Siglo XXI, especialmente potenciado con el advenimiento de las redes sociales: una chusma insoportable de gente que dice lo que hay que decir para no perder seguidores, corrida y atemorizada por la corrección política. En definitiva los Oscar de hoy en día son los Oscar de hoy en día. Pasa que los días de hoy en día son bastante monótonos. Así en la vida como en el Oscar. Alguna vez miramos todo esto por el gran espectáculo, por robar un poquito de cielo y fantasía. Pero parece que alguien decidió que esa magia ya no es posible. Una pena.

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