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La venganza del western



Por Nicolás Pratto

(@Malditavocal)

La venganza es algo hermoso. No escribo esto desde una comisaría mientras espero a mi abogado y alguien está leyendo mis derechos. Esa sensación de revancha, sobre todo en el cine, es maravillosa. No esperamos la solución de la justicia, somos la justicia. Desde Harry Callahan hasta Django; ojo, no crea que soy un panelista de Baby Etchecopar. El western es un lugar propicio para estas historias. Con la civilización a miles de kilómetros, la violencia e injusticias son moneda corriente. En palabras de Por un puñado de dólares: en un lugar donde la vida no tiene valor, la muerte tiene un precio.

El último tren de Gun Hill (1959)

John Sturges es uno de los grandes directores del género, aunque es más recordada su obra que su nombre. En su haber tiene Los siete magníficos, El gran escape, Duelo de titanes y La hora de las pistolas. Forjado en el sistema de estudios, en sus películas encontramos varios conflictos relacionados con la venganza, en esta oportunidad entre Kirk Douglas y Anthony Quinn.

Una madre y su hijo sufren un asalto de regreso al pueblo, él huye a caballo, pero la madre es violada y asesinada por los bandidos. El niño le cuenta lo ocurrido a su padre, el sheriff (Kirk Douglas), que en la escena del crimen encuentra una montura con las iniciales de un viejo amigo (Anthony Quinn). Este se encuentra en Gun Hill donde es un ganadero que controla el pueblo a su gusto, junto a su hijo, quien cometió el acto que debe pagar.

Douglas se encuentra en la disyuntiva entre saciar su venganza o, como representante de la autoridad, detenerlo y llevarlo a juicio hasta su pena de muerte. Sturges logra construir una atmósfera de tensión en gran manera, una amistad intervenida por el amor y sobreprotección entre padre e hijo, y un conflicto del que no hay vuelta atrás. Una película que, en su mayoría, se realiza en interiores, una gran escena de tiroteo, el asedio al hotel, el adentro y el afuera, un concepto repetido en el género. Ambos protagonistas relucen su nombre, Anthony Quinn como un personaje carismático pero que, al conocerlo, demostrará su lado más autoritario y que no perderá a su hijo, sus tierras y la ley que ha establecido en Gun Hill.

Apache (1954)

Antes de Rambo estuvo Burt Lancaster en Apache, combatiente de una guerra ya terminada, en este caso, la conquista del desierto versión Estados Unidos. Con Robert Aldrich en la dirección, un jugador completo si había, quizás no tan de renombre como el tanque Ford o con la versatilidad del flaco Hawks, pero no te deja a gamba en ninguna película. Lancaster interpreta a Massai, el guerrero de una tribu ya sometida, pero que no acepta derrota y decide huir para entablar una guerra de guerrilla contra la caballería.

La primera incursión de Aldrich en el género, aprovechando el hermoso paisaje montañoso y desértico, donde se desenvuelve la acción. Una acción no del todo implementada a gusto del director, todavía se estaba ganando un lugar en los estudios, y también con Lancaster como protagonista/productor que establecía las condiciones. Un héroe nativo americano, similar a Túpac Amaru, idealista y de armas tomar. Una representación con la que, como mencionamos en otra oportunidad, el nativo americano empezaba a salir de su estereotipo para ser comprendido como un personaje con profundidad.

Cuando veo estas producciones realizadas en semanas y con un presupuesto limitado, no dejo de maravillarme en el resultado. Digamos coordinación, contratar a las personas adecuadas, algunas películas con el fin de completar contratos o una semana en cartelera, y aun así ¿cuántos de estos films perduran en el tiempo? No solo por el nombre de sus estrellas, sus historias y esa capacidad de ingeniarse en lo mínimo, una historia sencilla, bien desarrollada en 90 minutos. En Apache ya se ve a un director que, con solo cuatro películas en la espalda, demuestra una técnica influenciada por los clásicos, pero con una crudeza que se acrecentaría en su filmografía, característica de él y varios de la generación post-guerra.

The Missouri Breaks (1976)

En una década donde el género estaba siendo más material de estudio que de realización, surge un reverdecer del mismo. La generación que se crió con los westerns por televisión, ahora estaba en las escuelas de cines o listos para filmar. Uno de los casos más conocidos es el de John Carpenter: estudió para hacer westerns, pero la vida lo llevó por el terror. Otros directores pudieron brindarle su homenaje como es el caso de Walter Hill, Michael Winner y el director de esta película: Arthur Penn.

The Missouri Breaks reúne a dos leyendas del cine como Marlon Brando y Jack Nicholson, tal es así que en Argentina se estrenó como Duelo de titanes (anteriormente en el país se había estrenado otra película bajo el mismo título: Gunfight at the O.K Corral, que reúne a Kirk Doglas y Burt Lancaster). Nicholson es el jefe de una banda que roba ganado, buscando venganza de su compañero muerto tras el último golpe. Por su parte, el ganadero en cuestión, contrata al histórico ranger, Lee Clayton (Marlon Brando), para atrapar a los ladrones y cuidar su fuente de ingreso.

Penn juega con el “sabemos que vos no sabés”, los bandidos se hacen pasar por agricultores para establecerse en el pueblo y Nicholson tiene amoríos con la hija del ganadero a matar. El problema de la película es Marlon Brando, ya en su etapa de trascendencia del método donde no interpreta un personaje, Brando hace de Brando, como un justiciero-chamán. Y al ubicarlo con una figura como Nicholson que estaba en plena explosión, evidencia el ocaso de uno y el estrellato del otro.

La trama de venganza queda en segundo plano para ser reemplazada por el conflicto entre dos personas hábiles en el revólver, aguardando su momento para el duelo final. Una característica de la década es la violencia explícita, aspecto que se encuentra dentro de la filmografía de Penn, y en The Missouri Breaks cumple su objetivo con unos quince minutos finales a tiro, lío y cosha golda. La película no es solo su cartel, reuniendo a dos grandes estrellas, es sólida en acción y desarrollo, con un gran Jack Nicholson, un Brando cuya actuación, por momentos, te desencaja de escena, y no me quiero olvidar de Harry Dean Stanton como uno de los bandidos. Spoiler alert: sí, como le suele pasar a sus personajes, muere.

Tres westerns, tres perspectivas de la venganza en un sheriff, un nativo americano y un bandido. Tres directores de estudio, que surgieron con el género o se criaron con el mismo. Desde Funcinema aclaramos que no estamos haciendo apología de la violencia ni de tomar justicia por mano propia, que sea dentro de jurisdicción. Ni de fomentar actos de venganza, a menos que esta sea requerida como el hurto de golosinas, idiotez grado 1 al estacionar en las paradas de colectivos y daño en propiedad ajena, cuando el vecino deja la basura en tu lado.

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