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Carta de amor a los frikis

Por Patricio Beltrami

(@Pato_Beltrami)

Este artículo contiene spoilers.

Estrenada por Netflix en 2020, Orígenes secretos es una carta de amor a los frikis. David Valentín (Javier Rey), un policía recién llegado a Madrid, debe investigar una serie de asesinatos en serie. Particularmente, cada escena del crimen recrea el origen de varios reconocidos superhéroes. Por ese motivo, Valentín deberá trabajar con Jorge Elías (Brays Efe), hijo de un agente jubilado y fanático de los cómics. Si bien desde su premisa se homenajea a historias y personajes de Marvel y DC, la película también presenta notorias influencias de policiales y thrillers emblemáticos, como Pecados capitales o El protegido. Sin embargo, se trata de una reivindicación a la cultura friki.

Orígenes secretos es la adaptación de la novela homónima de David Galán Galindo, quien es guionista (junto a Francisco Navarro) y director del largometraje. Como lo adelanta el título, la película desarrolla la historia de origen de un superhéroe, Vértice. Para ello, se construye el alter ego desde las instancias tradicionales del género: una tragedia en la infancia, que oficia de trauma inicial para David Valentín; su ingreso a la policía, argumentado por el deseo de contribuir a la justicia; y el curso de una investigación que derivará en el nacimiento del héroe. En medio de ello, tienen lugar una subtrama familiar y una serie de giros arbitrarios que únicamente se fundamentan para contribuir al surgimiento del encapotado.

La película funciona mejor en la comedia y, sobre todo, cuando existe autoconciencia sobre la insólita investigación policial. Por ese motivo, la apuesta por el drama personal sobre el final y el deslucido enfrentamiento entre héroe y villano terminan perjudicando el balance global del film. Justamente, uno de los principales atractivos de Orígenes secretos se desarrolla en su tránsito por el mundo friki. Este universo no se limita únicamente a la tienda de cómics, sino que también se extiende a diversos ambientes, como la casa de Jorge, las escenas de los crímenes e, incluso, la dependencia policial y la morgue.

En principio, Valentín y Cosme (Antonio Resines) encarnan los prejuicios que existen sobre los fanáticos de las historietas, el animé y el manga, a quienes habitualmente consideran vagos e infantiles. Sin embargo, la mirada despectiva sobre este ámbito va desapareciendo progresivamente e, incluso, se vislumbra una fascinación sobre el universo friki. La tienda de Jorge representa una isla dentro del oscuro panorama que retrata la película. Allí concurren religiosamente una serie de personas que, libres de culpas y cinismo, disfrutan diversos productos y rituales, como los cómics y el cosplay. Incluso la jefa de la policía, Norma (Verónica Echegui), es una de las integrantes más comprometidas de esta comunidad.

En esa línea, la defensa de estas prácticas y espacios está acompañada por la reivindicación de los frikis. No solo se trata de adolescentes, fanáticos o nerds, sino que también hay trabajadores, profesionales o funcionarios estatales, quienes forman parte de estos grupos solo por disfrute y no necesitan justificarse por eso, ni siquiera ante el policía que concurre a sus reuniones para juzgarlos. Y si bien nunca asistió a la tienda, se revela que el villano (Ernesto Alterio) es otro friki, cuyos malignos planes se cumplen exitosamente, incluso después de su muerte: consiguió el nacimiento de Vértice, el superhéroe protector de Madrid, a través de los asesinatos en serie y la manipulación sobre Valentín. Párrafo aparte para Paco (Leonardo Sbaraglia), parodia de un inescrupuloso y solitario coleccionista de cómics (cualquier similitud con El Coleccionista de Los Simpson no es coincidencia).

En el clásico discurso para justificar las atrocidades cometidas, el villano esboza una crítica contra la falta de héroes nacionales. Ante ello, remarca que mientras los ingleses veneran al Rey Arturo, los españoles solo aceptaron que un loco como Don Quijote fuera capaz de realizar semejantes proezas. Según Galán Galindo, esta mirada, prejuiciosa y cínica, aún está vigente en España. Sumada al desprecio de familiares, colegas, conocidos y desconocidos, pareciera que pertenecer al mundo de los frikis representa una condena a la marginalidad. Ante ello, Orígenes secretos no solo reivindica a este círculo social, sino que, como si fuera una carta de amor, enaltece las mejores características que presentan aquellos que forman parte de esta subcultura: personas genuinas, sin culpa ni vergüenza por sus gustos, quienes no le deben explicaciones a nadie.

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