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Mujercitas (1949)



PEQUEÑAS DAMAS EN EL STAR SYSTEM

Por Mex Faliero

(@mexfaliero)

Hay obras que gozan de una universalidad y atemporalidad tal vez impensada por su autor en el momento de su publicación. Es el caso de Mujercitas, la obra de Louisa May Alcott publicada allá por 1868, que cuenta la intimidad de cuatro hermanas, sí tema universal e inagotable, pero en tiempos de la Guerra de Secesión y con conflictos sociales que parecerían definir el recorte de un momento en la historia del mundo. Sin embargo en tiempos donde se están redefiniendo los espacios ocupados cultural e históricamente por hombres y mujeres, el espíritu libertario de la obra de Alcott vuelve a relucir, como se puede ver en la nueva versión dirigida por Greta Gerwig, y como lo ha hecho en cada una de las versiones en que Hollywood llevó Mujercitas a la gran pantalla. Material de base que sirve para el lucimiento de jóvenes actrices (cada película tuvo a las estrellas de su momento), cada película tiene rasgos indisimulables de su época -cinematográfica-: la de los 30’s es una película con el espíritu de la screwball comedy con la reina del género, Katharine Hepburn; la de los 40’s tiene el brillo un poco fatuo de las grandes producciones del sistema de estrellas; la de los 90’s se instala plácidamente en el fervor y respeto hollywoodense de entonces a las grandes recreaciones de época y a los textos clásicos; y la de 2019 es una representación actualizada, moderna en muchos sentidos, pero definida por un elemento indudablemente contemporáneo, el montaje.

De estas cuatro versiones (son las fundamentales, pero hay más, en cine y en televisión), la menos citada de todas es la de 1949 dirigida por Mervyn LeRoy, uno de esos artesanos fabulosos del Hollywood clásico, capaz de acomodar su estilo a cualquier género. Especialista en noir, en películas gansteriles, LeRoy tiene en su haber un gran clásico como El mago de Oz y algún que otro bodoque como Quo Vadis (de hecho esa épica en tiempos romanos es la siguiente película del director luego de Mujercitas). Su adaptación de la novela de Louisa May Alcott tiene todos los elementos característicos de su época, y es un vehículo para el lucimiento de su cuarteto de jóvenes y brillantes actrices: June Allyson, Janet Leigh, Elizabeth Taylor y Margaret O’Brien. Es verdad que en algún sentido Mujercitas circa 1949 es una versión un poco más light y superficial, pensada en función del luminoso Technicolor y con un ojo demasiado atento al diseño de vestuario y su lucimiento: pensemos en el clima de época y en el espíritu victorioso del cine norteamericano post Segunda Guerra Mundial, y ese brillo excesivo es en verdad la forma que encontraba el arte para volver todo absolutamente espectacular y festivo (no de gusto el último plano es un reluciente arcoíris indicando que lo peor ha pasado). Pero por otra parte la versión de George Cukor había sentado un paradigma que era difícil de atravesar para LeRoy, y ahí tenemos a Allyson componiendo a una Jo un poco arrogante, una copia un poco desteñida de la arrebatadora Jo de Hepburn. Es que para muchos, esta Mujercitas es más una remake de aquel film que una adaptación de la novela.

Como sea, la Mujercitas de LeRoy no deja de ser una película atendible, que aun cuando parece no poner demasiado el centro en la complejidad de los personajes, también permite que la tristeza se apodere de algunos segmentos, o de algunos gestos como los de “marmee” March tratando de no contagiar al hogar la tristeza que la embarga, o en la notable actuación de Margaret O’Brien como la pequeña y enferma Beth, o los comentarios clasistas y la mirada sobre la pobreza. Un pequeño detalle sirve para entender la amabilidad de la versión de LeRoy: cuando el profesor descubre que Amy March le hace una caricatura a escondidas en la escuela, se compadece de ella y decide no castigarla. Mujercitas no puede dejar de ser fiel al material original y a poner en el centro del debate cuestiones como las del deseo de esas mujeres a tener una vida libre y alejada de mandatos sociales, y de llevar el espíritu de la rebelde Jo como bandera. Y que estos temas, a más de 150 años de publicada la novela, sigan siendo actuales, es un problema del mundo. Por suerte tenemos al cine para connotar estos problemas, aunque sea con el brillo y la elegancia del gran espectáculo.

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