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MAR DEL PLATA 2017: Competencia Internacional – Día 5


A fabrica de nada, de Pedro Pinho / 7 puntos


La temática que aborda este film portugués se nos hace cercana: la crisis del capitalismo expresada a partir del cierre de fábricas y la situación de incertidumbre de sus trabajadores. De hecho, es tan cercana que la película incluye a un argentino, una suerte de intelectual progresista que termina metiéndose en el lugar para indagar en ese universo de decisiones que tendrán que tomar los operarios desempleados. El film abreva mucho en el cine de los Dardenne, con una cámara que se pone a la par de los personajes y los sigue de cerca en sus debates y discusiones gremiales. Y también, claro, en el de Guédiguian y la mostración un poco romántica de cierto existencialismo obrero. La primera cosa que llama la atención de A fabrica de nada es su duración, 175 minutos que sinceramente no se sienten en el cuerpo a partir de un trabajo de montaje notable y de una cámara que siempre registra lo fundamental. Hay otras subtramas, como una serie de relatos en off con intelectuales discutiendo la crisis del capitalismo, que gana en sentido cuando se hace explícita y convierte a la película en una suerte de documental bastante apasionante. Ese es el gran tema del film, la deriva entre el discurso de los que reflexionan sobre el mundo y el de aquellos que lo viven y son atravesados tangiblemente por la crisis. Es una discusión sobre la que no parece haber nada acordado, y que no hace otra cosa que potenciar las inequidades. Hay también en la última hora algunas otras derivas, que son más narrativas y que hacen perder fuerza al relato cuando se pasa de las discusiones de los obreros a la vida privada de uno de ellos. Por suerte, sobre el final, una secuencia musical ironiza sobre la potencia del cine para embellecer aquello que resulta realmente trágico. Y le aporta un humor incómodo a la película. Mex Faliero


Western, de Valeska Grisebach / 7 puntos


Un grupo de obreros alemanes va a Bulgaria para realizar una obra hídrica. Este punto de inicio le sirve a la directora para construir una reflexión política sobre el choque de culturas que involucra una atractiva relectura del western. Los alemanes son los extraños que llegan a ese lugar, un espacio sobre el que todavía penden las diferencias surgidas hace décadas durante la guerra. Entre los alemanes, que se imponen con soberbia y espíritu dominante sobre los búlgaros, sobresale Meinhard (gran actuación de Meinhard Neumann ), quien como un Clint Eastwood o un John Wayne transita el territorio en plan taciturno, intentando asimilar ese cruce barbárico, y en ese transitar terminará inevitablemente atravesado por esa cultura distante y por esa lengua incomprensible. Grisebach desarrolla el relato a partir de la presencia de su actor, es él quien se impone en el cuadro y en los cruces de miradas, quien observa y se deja observar. La película mira a ese grupo humano de brutos germanos con distancia y algo de horror, porque su mirada es inevitablemente también la del protagonista. El último plano es notable, Meinhard de alguna manera se ha convertido un poco en el otro. Pero ese es apenas el inicio del camino, de un camino que toman muy pocos. Mex Faliero

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