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MARFICI 2017: mini-críticas marficeras del staff de Funcinema

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Empezó el 13° MARFICI y te ofrecemos un recorrido veloz por su programación, a partir de las recomendaciones y minicríticas del staff de Funcinema. (12 películas reseñadas)


Coconut hero, de Florian Cossen / 6 puntos


Esta coproducción germano-canadiense hablada en inglés se vale del cinismo canchero de su protagonista, cultor del humor negro, quien ve como una bendición un tumor cerebral. Claro, hasta que se enamora y sus aspiraciones se le van de las manos. Dividida en dos partes, esta comedia dramática apela durante su primer segmento a una serie de situaciones registradas con levedad y simpatía, donde terminamos conectando con un personaje que se sale de los registros convencionales, aunque la superficie del film se parezca mucho a muchas otras películas indies. Pero en su segundo tramo, donde aparece fuertemente el drama, Coconut hero se enreda demasiado con la tragedia romántica que se impone sin gracia y con demasiada solemnidad. Una pena, porque Cossen encorseta una película que, más libre, podría haber sido una bella oda al pesimismo crónico. Mex Faliero


Corralón, de Eduardo Pinto / 5 puntos


Si lugar a dudas que la cámara de Pinto registra con honestidad ese conurbano complejo de capas sociales que se intercalan pero nunca se integran: y en esa desintegración explota una violencia siempre contenida, que redunda en un espíritu primal y bestial que se impone -con fuerza- sobre el otro. Hay unos trabajadores del corralón del título, hay una pareja de clase alta, y hay diferencias que se instalan velozmente en el horizonte a partir del uso del lenguaje y de una construcción que es física y furiosa. El problema de la película es que se balancea en un registro que recurre tanto al realismo sucio como al cine de género, pero en esa fusión aparecen algunos lugares comunes, algunas redundancias y mucho trazo grueso que atenta contra el verosímil. Corralón es como una de Campusano, pero a la que la pericia técnica (que la tiene y es evidente) le impide que miremos sus fallas con indulgencia. Mex Faliero


La Dixon, de Adriana Cordero Chacón / 6 puntos


Deborah Dixon es una referente local del rock, el blues, el jazz y demás ritmos afroamericanos. Esto, que es una definición de Wikipedia, no alcanza para dimensionar el valor de un artista. El acierto del documental como género es, entonces, atravesar la barrera de las etiquetas y ayudarnos a meternos en las profundidades. Y este film de Cordero Chacón lo logra: porque a partir de una simple entrevista, donde Dixon recorre oralmente su vida, la directora construye un relato que no sólo pone en relieve el talento de la cantante, una de las integrantes de Las blancablus, sino que además se constituye en el relato de una sobreviviente. Porque a los típicos vaivenes de una carrera artística, La Dixon trabaja en paralelo los vaivenes de un país. Y un artista es -debe ser- la respiración de esa historia en común que lo une con su público. Entonces Deborah Dixon sobresale en ese marco complejo a partir de su talento pero también su tesón. Y así el documental se ilumina con la energía de un feminismo energético y vital. Mex Faliero


La tete haute, de Emmanuelle Bercot / 7 puntos


Desde el cine social llega un drama de ficción donde el joven Malony se pasa sus días en despachos de jueces y centros de menores por su personalidad delictiva y violenta. Con una madre descarriada que pareciera justificar la conflictiva vida de este adolescente “abandonado”, Bercot muestra la respuesta de las instituciones para contener estas familias problemáticas y, particularmente, a estos menores en crisis. Instituciones llenas de falencias que, sin embargo, encuentran un puñado de capital humano que apoya a la reinserción del protagonista como el caso de la jueza que encarna la siempre impecable Catherine Deneuve. El film presenta excelentes actuaciones llenas de pasajes de ira incontrolable que sufre Malony. Una tortura personal que no puede manejar el joven padeciente. Y ante tanta crudeza de una sociedad que da la espalda a estos individuos complejos, la historia deja flotando en el aire el sentimiento de amor y solidaridad. Momentos que sirven como un respiro y se evidencian con un “te quiero” o un abrazo. La tete haute, aunque con convencionalismos típico de la temática de reformatorios, sin embargo presenta un guión sólido sin destacarse narrativamente pero cumpliendo con lo justo. Rosana López


Ser luthier, de Rocío Gauna y María Victoria Ferrari / 7 puntos


Este mediometraje documental de Gauna y Ferrari aborda con sencillez la noble profesión del luthier, esos constructores de instrumentos que son un poco carpinteros, un poco artistas y bastante bohemios. Al menos eso surge del registro que las directores eligen: nunca olvidan que sus protagonistas (luthieres a lo largo y ancho del mapa argentino) son trabajadores, por eso la puesta los encuentra en su taller, entre maderas, instrumentos a medio terminar y ese caos organizado del espacio laboral, pero a la vez profundizan en ese vínculo emocional que todos mantienen con su profesión. El carácter artesanal, también lo obsesivo, se imprime en el film con velocidad: entramos a ese mundo enseguida, y disfrutamos de esa conexión que existe entre el trabajador y su trabajo cuando, lejos de la rutina, la actividad elegida tiene un peso simbólico, una raíz y una historia detrás. Mex Faliero


ANTERIORES


Binaria, de Carolina Rímini y Gustavo Galuppo / 7 puntos


Rímini y Galuppo vuelven sobre la modalidad del ensayo visual que tan buenos resultados les diera en Pequeño diccionario ilustrado de la electricidad a partir de una inteligente y sólida combinatoria de imágenes y textos. El núcleo argumentativo en este caso consiste en demostrar de qué modo la lógica patriarcal y capitalista ha manipulado las ideas de lo masculino y lo femenino en función de sus intereses, fundamentalmente relegando a la mujer a un segundo plano dentro del esquema binario. Los archivos elegidos de diversa procedencia audiovisual son sorprendentes y si hay un signo que caracteriza el enfoque es su contundencia, operatoria que no sólo se justifica históricamente sino que surge como sacudida a tanta mente inerte y prejuiciosa ante los hechos aberrantes que tiñen la actualidad. En este sentido, más allá de la argumentación en sí, hay una necesaria voluntad política que apunta a desenmascarar los actos y las palabras de una maquinaria nefasta. Se destaca la habilidad en la forma en que los directores hacen interactuar las fuentes y la manera en que construyen progresivamente el principal bloque de opinión, con el riesgo asumido de que la densidad de ciertos textos teóricos leídos en off pueda dispersar la atención y/o la captación del espectador. No obstante, intuyo, es parte de la intencionalidad del film. Una: construir una especie de memoria ordenador que dispara citas, sentencias, imágenes, acorde a los tiempos donde la velocidad de la información es una marca ineludible, como si fuera un juego en torno a lo inaprensible. Otra: no rendirse ni dejar de discutir y pensar sobre la violencia, real y simbólica, de género. Guillermo Colantonio


Carne propia, de Alberto Romeo / 8 puntos


Una de las grandes pasiones argentinas -despreciada por los vegetarianos, claro- se da encuentro en el documental de Romero, que hace foco en tres casos particulares del entorno socioeconómico y cultural de la carne vacuna en nuestro país: el director se centra en las tensiones de patrones y obreros de la carne a lo largo de la historia, todo ello contado desde un viejo toro Aberdeen Angus condenado al matadero como principal hilo narrativo. Un toro “humanizado” desde la voz profunda e irónica de Arnaldo André. Carne propia funciona como un prolijo y entretenido documental que también describe las clases de vacas y toros que abundan en nuestros pagos, como también toda esa fauna gauchesca de hombres relacionados con el campo. Y aunque esta sea una visión fugaz, el resto del material tiene una visión profunda y muy interesante sobre algo tan cotidiano como la carne misma. Rosana López


Ejercicios de memoria, de Paz Encina / 8 puntos


Como muchos países latinoamericanos, Paraguay cuenta en su haber con una terrible dictadura, pionera a las que sucedieron en el grueso del continente, ya que se inició en 1954 y terminó en 1989. Dentro de la confrontación política que denota un régimen autoritario, se corta y sobresale la figura de Agustín Goiburú, el más importante opositor de la dictadura de Stroessner. Goiburú fue obligado al exilio en Argentina y posteriormente asesinado en 1976 en la ciudad de Paraná, provincia de Entre Ríos. Ejercicios de memoria, segunda película de la paraguaya Encina, intenta reconstruir a través del relato narrado, de documentos, fotografías y escenas de ensoñaciones de recuerdos fugaces, la figura de Goiburú desde la mirada infantil de sus tres hijos y de cómo vivieron ellos en carne propia el contexto de una dictadura atroz y el asesinato de su padre. La película permite no sólo la exhibición de la historia particular de la familia Goiburú, sino también el recuerdo de cómo era Paraguay bajo ese régimen totalitario y cómo la gente lo vivía en carne propia. El poder de evocación subjetiva y sugestiva que el film logra, permite interpelar de manera contundente no sólo a quien haya vivido ese contexto histórico particular, sino a cualquier hermano latinoamericano que tenga en la historia colectiva de su país un pasado de sangre, censura, represión y muerte. Rocío Belén Rivera


El eslabón podrido, de Valentín Javier Diment / 6 puntos


La impronta fílmica de Diment sienta un sello propio dentro del cine de terror nacional. El realizador, que ya tiene en su haber el documental Parapolicial negro y la destacada de horror La memoria del muerto, traslada el eje a un pueblito rural llamado El escondido, integrado por menos de 50 vecinos muy paletos y algo desagradables de la zona: un cura, la dueña de un prostíbulo/bar, un matrimonio de viejos, un puñado de mujeres chusmas, entre otros. El director propone dos bloques importantes. El primero de presentación de personajes ultra descriptivo y a veces con ritmo lento para derivar en una segunda parte donde pega un volantazo del drama al puro rape-revenge o venganza al estado puro y violento, que puede ser algo disfrutable para los fanáticos del subgénero mencionado. Sin embargo, por este cambio, la película se desajusta en muchos momentos, provocando desconcierto a lo largo de varias situaciones y hasta incluyendo personajes de relleno al mejor estilo decorativo, como el de Lola Berthet. Pese a esto, El eslabón podrido se impone como un exponente decente del género y tal vez sea el puntapié de mejores historias por venir en la carrera del director. Rosana López


La guardería, de Virginia Croatto / 7 puntos


La infancia es, como se sabe, una etapa fundamental para comprender el desarrollo de un ser humano y la riqueza de sus facultades sociales a lo largo de toda su vida. Del cómo se encuentra atravesada por una coyuntura sociopolítica y cómo eso ha dejado una marca en las vidas que resulta indeleble para quienes pasaron por la guardería mencionada en el título es el núcleo de este documental. Esta guardería fue el espacio donde crecieron niños, hijos de militantes de la agrupación Montoneros, en Cuba entre 1979 y 1983. Alejados del caos y los años de persecución tras la operación de la contraofensiva, esos niños crecieron alejados de sus padres en otro país donde podían encontrar más puntos en común que en aquel donde habían nacido, además de un lugar estable donde podían crecer tranquilos. De ese pasado, la vigencia de ese pasado y las preguntas que aún deja es de lo que habla La guardería. Cristian Ariel Mangini


La jeune fille sans mains, de Sébastien Laudenbach / 8 puntos


La película de Sébastien Laudenbach es la adaptación de un relato no tan conocido de los hermanos Grimm, centrado en la experiencia de una joven que forma parte de un pacto fáustico. Su padre, un campesino de clase baja, la entrega a cambio de riqueza a un demonio que adopta diversas formas. En primera instancia, sobresale en el film la técnica de animación a partir de acuarelas y un trabajo refinado con la forma. Pero luego aparecen en primer plano esas perversidades típicas de los relatos clásicos, donde la sexualidad y el cuerpo se convierten en un espacio de trasgresión sólo disimulado por el poder de la metáfora. La jeune fille sans mains es además una película que merodea el melodrama, pero al que la tarea de contención por parte del director la acerca más a la tragedia romántica. Si el film puede ser presa por momentos de cierta solemnidad y pretenciosidad, tal vez el mayor acierto de Laudenbach es el de aferrarse al arco dramático que aporta el cuento para que su propuesta no se pierda en una experimentación tan abstracta como autoindulgente. Mex Faliero


Vigilia, de Julieta Ledesma / 7 puntos


¿Qué queda después de una guerra? Eso explora la nueva película de Ledesma, coproducción argentina-uruguaya que se mete en el inconsciente colectivo de un pueblo rural atravesado por una guerra y una sequía desoladoras. El film se presenta como una mostración de los efectos más devastadores de una guerra arcaica, a partir del regreso de un hijo a una familia que encontrará absolutamente dislocada. A través de los planos, las escenas y las dinámicas entre los integrantes de esta familia y con los animales, la película va construyendo una atmósfera densa, cargada de las connotaciones que el entorno genera en los integrantes del clan. Pequeña historia, repleta de reminiscencias ancestrales, míticas y bíblicas, Vigilia es un buen reflejo de lo que el cine nacional es capaz de hacer, mostrando una historia fuera de lo común del realismo al que generalmente nos tiene acostumbrados la cinematografía local. Rocío Belén Rivera

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