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Entre dos mundos

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Título original: Bein Haolamot
Origen: Israel
Dirección: Miya Hatav
Intérpretes: Maria Zreik, Maya Gasner, Yoram Toledano, Avi Dangur, Jamil Khoury, Veronica Nicole, Menahem Tsabari
Fotografía: Ran Aviad
Montaje: Nisim Massas
Música: Jonathan Bar-Giora
Duración: 90 minutos
Año: 2016


6 puntos


UN DEBATE NECESARIO

Por Jesica Berman

(@funcinemamdq)

En la ópera prima de Miya Hatav se plantea un drama familiar que se encuentra unido a la cuestión conflictual actual entre el mundo árabe e israelí. Si bien el argumento es historia conocida porque una vez más nos encontramos frente la temática recurrente de la historia de amor “no permitida” (la protagonista y su novio no pueden amarse libremente por oposición religiosa), lo más interesante en este film es el rol de la mujer.

Para poner en contexto, Entre dos mundos muestra que, tras un atentado terrorista, Yoel, un joven que trabaja como guardia en Seguridad Social, queda en estado vegetativo internado en un hospital de Jerusalén. En este lugar se presentan dos mujeres. Bina, su madre, a quien no veía hace algunos años debido a que Yoel dejó su casa por romper con las tradiciones religiosas de su familia. Y Amal, su novia, quien no puede revelar su identidad árabe. Ella logra estar al cuidado de otro interno para estar cerca de su novio.

Hatav logra un clima muy intimista para retratar esta historia. Utiliza los primeros planos para lograrlo, como así también al desarrollarse la trama casi completamente en el hospital, aumenta la angustia por el estado delicado de salud de Yoel.

A partir de este acontecimiento, Bina y Amal comienzan a conocerse y a relacionarse. Por supuesto vemos muchas escenas en donde la tensión tiene como objetivo el desmantelamiento de la verdad acerca de la identidad de Amal y el vínculo con su novio, en donde se hace alusión al conflicto árabe-israelí, pero por sobre todas la cosas se ponen en juego y en conflicto dos modelos de mujer: Amal, laica e independiente, y Bina, la madre, una la mujer tradicional religiosa.

Si bien la película se queda a mitad de camino, pone en primer plano el dilema sobre la vida y la muerte, la religión y el amor. Es positivo que gracias una nueva camada de realizadores israelíes como Nadav Lapid (Policeman, La maestra de jardín) o la misma Miya Hatav se pueda abrir debate respecto a algunas temáticas, por ejemplo el lugar de la mujer o la caída de los valores tradicionales, que tienen tanto peso en un país conservador.

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