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MAR DEL PLATA 2015: resumen de la Competencia Latinoamericana de cortos

Por Rodrigo Seijas

(@fancinemamdq)

asesinos1La competencia latinoamericana de cortometrajes del 30º Festival Internacional de Mar del Plata estuvo caracterizada por una selección donde imperó la preocupación por el mensaje antes que por la narración. Esto terminó afectando lo que se contaba en las distintas obras -siempre vinculadas al drama y con escasísimo o nulo humor-, que en buena medida se revelaron como apenas discretos en sus concepciones cinematográficas, a pesar del innegable buen nivel técnico. Pero mejor pasemos a un breve desglose corto por corto.

Haram (Brasil), de Max Gagino, con su diálogo entre una inmigrante musulmana y una niña brasileña, busca especular sobre el choque convertido en encuentro de culturas. Formalmente es correcta pero tampoco arriesgada, quedando condenada durante gran parte de su metraje al plano-contraplano, y encima queda excesivamente atada a su mensaje de integración. El resultado es apenas regular, muy lejos de conmover.

Say I am only seventeen, también de Brasil y dirigida por André Catoto Dias, tiene un interesante trabajo en la animación, recurriendo a trazos particulares y un blanco y negro sumamente expresivo. Sin embargo, a pesar de basarse en la historia real de un joven soldado durante la Primera Guerra Mundial, sólo en algunos pasajes llega a impactar de la forma adecuada.

Tereza -tercer corto brasileño de la selección-, de Mauricio Baggio, tiene un atrayente juego con lo temporal, aprovechando ese abismal espacio que es la cárcel como espacio disparador, pero no termina de redondear su anécdota con la precisión requerida.

Mila (Colombia), de Nahanna Riveros y Luciana Martin, arranca amagando con ser una simple historia de amor, pero rápidamente aparece la barrera del VIH, todo se vuelve demasiado previsible y el corto termina siendo una especie de aviso publicitario extendido. Hasta dan ganas de pedirles a las directoras que exploren más en profundidad el después del beso final, que se adentraran en lo que hubiera significado sostener una relación con el VIH como obstáculo ineludible.

En Capgras, de Ruth Cherem Daniel y Diego Sánchez Nicolás, coproducción entre Cuba, España, México y Reino Unido, sucede algo similar al corto anteriormente mencionado: comienza como una especie de deconstrucción de una pareja en crisis, con un montaje cortante, violento, casi a hachazos, para terminar derivando en una especie de informativo sobre una enfermedad psiquiátrica, lo que desvirtúa el planteo inicial.

Princesas, coproducción argentino-paraguaya dirigida por Natural Arpajou, sigue a una mujer trabajadora y su pequeña hija, exponiendo las diferencias de clase a través de esos seres a los que sólo les queda observar a los privilegiados. En su relato se da una rara paradoja: en cierto modo da la impresión de ser un recorte o puntapié inicial para un largometraje, pero también luce estirada en su premisa. Como si el director no terminara de consolidar la historia que concibió.

Asesinos (Perú), de Gonzalo Gutiérrez Prado, es, sin ser una maravilla, el corto más sólido. Su historia es simple: dos tipos llegan a un restaurante, sacudiendo la rutina del lugar y revelando de a poco sus verdaderas intenciones, que son bien oscuras. Tiene unos cuantos diálogos secos y directos, pero también enigmáticos, bien conectados con el género policial, que construyen la tensión con cierta sabiduría. A pesar de sus desparejas actuaciones y de transcurrir casi en su totalidad en un solo escenario, posee una puesta en escena que jamás pierde contacto con lo cinematográfico.

Eva (Venezuela), de Francisco Pareja, se centra en una anciana totalmente sola que casi de la nada se encuentra ante la posibilidad del amor. En verdad lo que se ve ahí es un típico mal de los cortos: el de la idea que da para más, pero por cuestiones logísticas, económicas y hasta académicas, no va más allá. Es apenas una insinuación, bien contada, pero nada más.

Lo que se impuso en la selección fue claramente lo dramático. Pero ese dramatismo fue mayormente impostado, con personajes e historias esquemáticos. Faltó el contacto con otros géneros y preocupación por recurrir a diferentes herramientas narrativas. El balance, lamentablemente, dista de ser auspicioso.

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