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Mad Men – Recapitulación: The milk and honey route

Por Mex Faliero

(@mexfaliero)

Si no vio el capítulo, además de preguntarle ¿¡qué demonios más importante tiene para hacer en su vida!?, le avisamos que acá hay un súper SPOILER, así que no siga leyendo.

“Everyday, it’s a gettin’ closer
goin’ faster than a roller coaster
love like yours will surely come my way
a hey – a hey hey”

(Everyday, Buddy Holly)

the milk and the honey routeFue un capítulo muy extraño el de esta semana en Mad Men, no sólo porque nos enteramos que Betty se nos va por un maldito cáncer de pulmón, más que previsible si tenemos en cuenta lo que fumaba esa mujer, sino también por la manera en que Matthew Weiner manejó la información en las tres subtramas que alimentaron The milk and honey route: las aventuras de Donald por el interior Americano se relataron en la senda del thriller, construyendo los climas de a poco hasta un final revelador para el personaje, que ahora sí parece abandonado a lo que el destino pueda entregarle; la trama de Betty fue brutal y emocionante, aunque plagada de elipsis que nos hacían pensar si no se iba a terminar muriendo al final del mismísimo capítulo; y la subtrama de Pete Campbell, con la que el muchacho no sólo logra evadirse de la dictadura de MacCann-Erickson sino que recupera su familia, tuvo la picardía de ese entramado personal-laboral que la serie siempre tuvo como estandarte.

Una fue brutal, la otra fue reposada, la otra clásica para los estándares de la serie. Una mezcla de sensaciones y emociones que se vinculan directamente con el título del capítulo, y con la metáfora de aquella canción hermosa que cerró The milk and honey route y que citamos arriba: una de cal y una de arena, la vida es una fucking montaña rusa. Y la trama de Campbell, que parecía descolgada del contexto, termina justificándose ahí, en esa vorágine de los días que pueden deparar sorpresas cuando menos las buscamos.

Particularmente no sé si me convenció del todo la repentina noticia de la próxima muerte de Betty (al menos eso sugiere el hecho de que ella no quiera tratamientos), creo que fue demasiado directa y hasta pareció más un recurso de guión que algo lógico con el desarrollo de la historia. También un poco malvado por parte de Weiner, quien con ese personaje parece tener algún tipo de distancia que le permitió, en temporadas atrás, hacerla subir de peso sin más y adelgazarla, también sin más. Sin embargo, todo lo que vino luego de esa noticia fue sensacional, y ahí el genio del autor y cómo todo aquello que no parece cerrar en la serie, lo termina haciendo: la forma en que ella asume la enfermedad, en cómo se vincula con su hija Sally (Kiernan Shipka la rompió siempre como la hija Draper, pero acá está realmente perfecta y conmovedora) y en cómo decide qué tienen que hacer los demás con lo que ella debería hacer, es un clásico Betty. Ahí Weiner, genio de la escritura, le devuelve la dignidad, a pesar de matarla en -tal vez- el mejor momento de su vida: un matrimonio bastante sólido, empezaba a estudiar psicología. Acá también, resuena, esa despedida con Donald del capítulo anterior: ¿habrá sido el último momento de la pareja? ¿Aparecerá Betty en el último Persona a persona?

¿Quién lo sabe?

Mientras, Donald nos espera sentado en un banco a la vera de alguna ruta, luego de haberse enfrentado con su pasado farsante una vez más, pero aquí de forma mucho más real y física: como que le golpearon la cara con una guía telefónica. El viaje que tenía que hacer parece haberlo hecho ya y cerrado en este capítulo. La canción del final no podía ser más justa con ese hombre, sentado ahí, esperando el próximo empujón en la montaña rusa de la vida.

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