Funcinema

La bella durmiente

sleeping posterTítulo original: Sleeping Beauty
Origen: Australia
Dirección: Julia Leigh
Guión: Julia Leigh
Intérpretes: Bridgette Barrett, Rachael Blake, Hannah Bella Bowden, Emily Browning, Alan Cardy, Peter Carroll, Les Chantery, Benita Collings, Michael Dorman, Eden Falk, Anni Finsterer, Mirrah Foulkes
Fotografía: Geoffrey Simpson
Montaje: Nick Meyers
Música: Ben Frost
Duración: 101 minutos
Año: 2011


6 puntos


Pesadillas de cuerpos y memorias

Por Cristian Ariel Mangini

(@Masterzio84)

sleeping unoLa bella durmiente es un drama riguroso y solemne, muchas de sus virtudes narrativas están en la capacidad de Julia Leigh para sobrellevar la actuación de una formidable Emily Browning, pero su densidad estructural y la poca fluidez con que la película asfixia constantemente al espectador la hacen por momentos más un esfuerzo por provocar extrañamiento de lo que sucede a la protagonista, antes que generar empatía por ella. El problema de esta distancia es que el tono frío y por momentos surrealista se contradice con la obviedad con que transcurren las peripecias autodestructivas de Lucy, siendo por momentos la puesta en escena de una linealidad alarmante.

El argumento de la película tiene a nuestra protagonista buscando ganarse la vida mientras lleva adelante una carrera universitaria, siendo sujeto experimental, camarera o acostándose con hombres en un acaudalado bar de su ciudad. De su mundo que nos ilustra la primera parte de la película, sabemos que lleva adelante una conflictiva relación con su familia y que tiene una actitud nihilista hacia la vida, siendo clave para entender esto la secuencia en que la vemos quemar un billete que acaba de ganar. También sabemos que tiene afecto por un adicto refugiado en su departamento (Birdmann), con quien parece haber tenido un vínculo en el pasado. De este mapa que la lleva a  conductas osadas y autodestructivas, nace este personaje que conforme avanza el relato se encuentra con la posibilidad de integrarse laboralmente a un mundo de perversiones. Las particularidades fetichistas le garantizan a Lucy que no será penetrada en ningún momento, siendo en un comienzo parte de una cena atípica, para luego ingresar en la perversión que da nombre a la película: bajo el efecto de una droga permanece dormida completamente desnuda, junto a personas que pagan para yacer junto a ella. Pero, como dijimos, no hay penetración, sólo se trata de personas que pueden hacer lo que quieran con su cuerpo mientras continúe el efecto de la droga. Lo que en un comienzo se verá como algo conveniente para Lucy, por el rédito que puede sacar de esta práctica, tendrá un efecto devastador en el personaje cuando surja la duda de qué es lo que sucede en esas horas en que entrega su cuerpo.

Pero hablábamos de una linealidad dentro de la concepción del film que inevitablemente hace ruido. La falta de aire, de naturalidad, la hacen un esquema de escenas clínicamente pensadas para conmover y darle importancia al tema. La iluminación difusa (rara vez directa, pero cuando es así inmediatamente sabemos que el guión se trae algo entre manos), los encuadres estáticos, el paneo solamente ocasional para subrayar el estado de ánimo de un personaje, los tiempos muertos destinados a hablar de procesos mentales de la protagonista -pero quien no preste atención vera solamente eso, tiempos muertos, y se aburrirá-, el sonido en off de los objetos, que subrayan el extrañamiento, y una banda sonora electrónica que se basa exclusivamente en muros de sonido que se van intensificando según la importancia de la escena en la psiquis de Lucy (es inevitable aquí pensar en la secuencia del tren), hacen que el film nos lleve, nos encarrile, sin darle jamás naturalidad para que conozcamos otro perfil de la protagonista. En todo caso, la tesis es la de objetivizar los cuerpos y por eso la película se empeña en provocar extrañamiento constantemente, pero esto es lo que afecta también a la empatía que podamos tener sobre lo que sucede con Lucy, más allá de las secuencias con Birdmann, el único atisbo de sentimientos que aflora en el relato hasta el catártico final.

En todo caso La bella durmiente es un drama que reflexiona a partir de la subversión del cuento infantil de Perrault -aunque también tomando como referencia a la obra La casa de las bellas durmientes, del Nobel japonés de literatura Yasunari Kawabata-, donde el guión juega ingeniosamente con la idea del sueño como la aceptación pasiva y nihilista de la realidad que tiene Lucy, llevando a que “el beso del príncipe” y su encuentro con la muerte sea un despertar amargo con el que cobra significado el final. Sin embargo, este ingenio y su rigidez en la puesta en escena se olvida por momentos de los personajes que se encuentran en la pantalla y, cómo no, de los sentimientos que puedan despertar.

Una escena a destacar: la del tren y su sonido industrial es clave para comprender la duda que asola a Lucy y que desencadenará todas las situaciones en el desenlace del relato. La sutil actuación de Emily Browning en esta secuencia junto a una mujer dormida y su jugueteo inocente, ponen en reflejo la duda de qué es lo que sucede con ella durante los tiempos muertos yaciendo en la cama.  La actuación, el sonido y el tono la hacen una de las secuencias más significativas del film a pesar de que muchos puedan haberla pasado por alto.

Comentarios

comentarios

Comments are closed.