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24 líneas por segundo: Szifrón o buitres

Por Mex Faliero

(@mexfaliero)

szifronEl clima mundialista está ahí. Calentito. Fueron días, semanas, intensas. Decir algo contra el equipo de Alejandro Sabella era, para algunos, una afrenta a la patria. En un mundo donde se olvida el objetivo principal de un espectáculo deportivo (el entretenimiento, el juego, lo lúdico) y se lo reemplaza por la gesta nacionalista, las cosas se vuelven mediocres. Con el cine, pasa más o menos lo mismo. Desde Tango feroz -según indica mi conciencia de espectador- todos los años hay una de esas películas argentinas de las cuales es casi imposible decir algo en contra. Y si se lo hace, es uno acusado de vende-patria. El cine Telefé, el cine Pol-Ka, el cine Campanella potenció con su marketing esa prepotencia albiceleste: al cine argentino y taquillero (no olvidemos eso) se lo celebra o se calla. Por estos días, con Relatos salvajes, pasa algo similar. Obviamente hay cuestiones culturales que se imbrican subterráneamente: hay identidad en un modo de ver y pensar el fútbol, hay identidad en un modo de ver y pensar el cine. Una identidad. No todas las identidades. Hay identidad (cultural, social, política). No patria. La selección argentina está repleta de futbolistas que juegan en el extranjero. Pekerman -argentino- dirige Colombia. Sampaoli -argentino- dirige Chile. Relatos salvajes está producida por Almodóvar. Telefé, central en la identidad del cine mainstream nacional de los últimos 20 años, es de un grupo español como Telefónica. Pero hay algo más curioso aún: gente que te corta el cuello si le decís que la selección de Sabella es un desastre, odia que Campanella se gane el Oscar y se potencie el chauvinismo; gente que celebra el Oscar para Campanella porque es un logro para la Nación, se burla de los que sacan la bandera para los mundiales. Entonces: ¿cuándo es patria? Ya no sé. Ni me interesa. Por lo que a mí respecta, la selección de Sabella fue la celebración de la nada, el fútbol como un atentado contra la creación y la imaginación. Y Relatos salvajes es una película ínfima, intrascendente. Espero la deportación.

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