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24 líneas por segundo: por un cine que no nos mire tanto

Por Mex Faliero

(@mexfaliero)

secretoEs infalible. Para que una película argentina funcione en taquilla tiene que tener ese componente abstracto del “así somos los argentinos”. Sin reflejo, aparentemente, no hay suceso. Pasa ahora con Relatos salvajes: pareciera que la película sólo funciona si alguna vez la grúa te llevó el auto. Y lo que le ocurre a Darín, su reacción, está fenómeno porque “así somos los argentinos”. Las entrevistas al elenco de la película de Szifrón, incluso de periodistas lúcidos, pasan por ese sentirse incluido o no en lo que las historias proponen. Nunca importa cómo eso que dice sobre nosotros es trabajado, pensado, elaborado. Pero esto no es nuevo: todo Campanella se sostiene en ese rigor del verosímil argento: Si hasta lo peor de El secreto de sus ojos era defendido desde el “así funciona la Justicia en la Argentina”. Recuerdo una crítica que salió en Clarín sobre El hijo de la novia, que la destacaba porque era una película bien porteña. ¿Y eso? No sabía que el chauvinismo había mutado en valor estético. En verdad ningún espectador -que yo sepa- fue en su vida anterior muñeco de metegol, pero eso no imposibilitó que Metegol sea celebrada por ese gen argentino, por esa bobera del pueblo chico sin infierno grande que defiende el onanista protagonista del film. La verdad, no creo que Indiana Jones funcione porque refleja cabalmente la vida del antropólogo; ni uno se deba sentir un poco mafioso para disfrutar de El padrino: soy de familia italiana, pero lejos estamos de las bondades de la sofisticación delictiva de los Corleone. El problema de este cine que nos mira, es que nos mira -tal vez demasiado- pero nunca nos interpela. Todo lo contrario, nos celebra. Y en eso no sólo hay un gesto conservador, sino también complaciente hacia el público y el mercado del cine. De ahí, claro, el suceso: no hay nada demasiado fabuloso en el éxito de la película de Szifrón. Si de elegir películas que nos miran se trata, entonces miremos La mujer sin cabeza o El aura, dos que nos miran y lindo. El problema es que tal vez pocos se atrevan a aceptar esa conclusión que saca sobre nosotros mismos.

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