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“Considero más difícil distribuir y exhibir documentales que producirlos”

Por Rodrigo Seijas

(@fancinemamdq)

cieloEl experimentado director de documentales Gustavo Alonso estrenó recientemente El cielo otra vez, donde aborda el cuidado alrededor del cóndor andino, una especie que lucha contra la extinción. Con una mirada tanto sobre lo humano y su lucha por sostener el ecosistema, este trabajo da cuenta tanto de avances tecnológicos como de la mirada ancestral sobre un universo específico. El director dialogó con FANCINEMA sobre este trabajo y sobre su obra anterior, relacionando los micromundos que ha retratado desde siempre.

-¿Cuál es el camino que une a El cielo otra vez con tus anteriores obras?
En algún punto El cielo otra vez es rupturista desde lo estético. Mi ópera prima, La vereda de la sombra (2005), fue sobre el periodista Fabián Polosecki y era absolutamente urbana. Luego me encargaron Rompeniebas, una historia de psicoanálisis y dictadura (2008), que era también sobre hábitos culturales muy metropolitanos. Como guionista trabajé siempre con historias de vida vinculadas con la política y los derechos humanos. Tal vez El cielo otra vez pueda emparentarse con documentales de los que fui productor, como La guerra por otros medios (2010), de Cartoy Díaz y Cristian Jure, sobre la incorporación de tecnologías de comunicación en comunidades aymarás de Bolivia, mapuches en Patagonia, los sirui del Amazonas y la experiencia de Video nas Aldeias. Esa producción, junto a Diez veces venceremos (2012), de Cristian Jure, me permitieron acercarme a la relación entre la cosmovisión de los pueblos originarios y su relación con la tecnología. Pero digamos que abordo los temas siempre en su relación con un mundo urbano, no desde la reivindicación etnográfica.

-¿Cómo fue el proceso de producción? ¿Qué dificultades enfrentaste y qué hallazgos realizaste?
El documental me es propuesto por las productoras, que ya venían desarrollando el proyecto con anterioridad. Debido a mis anteriores experiencias, propuse dar vuelta la historia y contar cómo una experiencia científica se potencia en su vínculo con el conocimiento milenario de los pueblos originarios. Un alto porcentaje de la película corresponde a etapas anteriores de rodaje, ya que la cría en cautiverio y la posterior suelta del cóndor tienen su propia agenda de trabajo, a la que nos tuvimos que adaptar. Pero al momento del viaje a Pailemán ya tenía visualizadas muchas horas de material y me concentré en ir a registrar los momentos y testimonios precisos para el relato que buscaba.

-Teniendo en cuenta la duración de la película, se puede intuir que hubo secuencias que quedaron en la sala de montaje. ¿Qué criterio aplicaste a la hora de la edición?
Mi trabajo con los documentales es desde el guión. Tengo una propuesta escrita -que obviamente se adapta a la realidad registrada- pero de la que en este caso no me aparté demasiado. Podría afirmar que no he resignado nada del proceso que quería registrar, y en todo caso la duración responde a que con esa duración me alcanzaba para articular el relato.

-Desde tu lugar de realizador, ¿cómo ves el panorama actual de producción, financiamiento y distribución del género documental en la Argentina? ¿Y a nivel latinoamericano?
El caso argentino es de una potencia notable en virtud de que el Estado a través del INCAA permite financiar una producción de mediana escala, en formato digital, y otra más vinculada a coproducciones internacionales que coloca a la producción documental nacional como una de las más prolíficas, con más de cincuenta documentales producidos por año. Esto sucede a tal punto que en la actualidad considero más difícil distribuir y exhibir los documentales que producirlos. Parece que no hubiera público para tantos documentales, pero lo mismo podría afirmar sobre la ficción, la animación o el género de terror que se produce con gran calidad. Me parece que hay que formar públicos y entender que tal vez es el formato de exhibición en sala, con seis funciones diarias durante una semana, lo que debería cambiar.

-¿Cuál es la relación entre ficción y documental que se da en tu cine?
Mi formación tiene que ver con la ficción -de la que soy productor a través de series y óperas primas- No estoy en la línea del documental de observación. Tomo lo documental como un modo de contar un cuento. Soy guionista de documentales de otros directores (David Blaustein, Silvia DiFlorio, Virginia Croatto) y siempre les y me propongo lo mismo: contar una historia. Y esa historia está previamente escrita, los individuos registrados funcionan como personajes en mi escritura, y las tensiones no son situaciones registradas por obra de la casualidad sino que son conflictos narrativos.

-El film muestra cómo un procedimiento biotecnológico incorpora la cosmovisión y filosofía de los pueblos originarios. ¿Creés que esta experiencia puede repetirse en otros sectores y que se pueden unir visiones aparentemente opuestas?
El documental habla de la complementariedad de dos puntos de vista y del éxito del resultado de ese proceso. Creo en ese proceso porque justamente compartí ese resultado.

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