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Ajuste de cuentas

poster grudgeTítulo original: Grudge match
Origen: EE.UU.
Dirección: Peter Segal
Guión: Doug Ellin, Tim Kelleher, Bill Gerber
Intérpretes: Robert De Niro, Sylvester Stallone, Kevin Hart, Alan Arkin, Kim Basinger, Jon Bernthal, Judd Lormand, Han Soto, Nicole Andrews, LL Cool J.
Fotografía: Dean Semler
Montaje: William Kerr
Música: Trevor Rabin
Duración: 113 minutos
Año: 2013
Compañía editora:


6 puntos


Convicciones

Por Matías Gelpi

(@matiasfancinema)

grudge match unoDesde el estreno de Rocky Balboa (2006) Sylvester Stallone inició un proceso de revisión de su carrera. Película tras película, y con mayor o menor efectividad, lo hemos visto regresar a sus personajes emblemáticos, encarnar héroes de acción anacrónicos autoconscientes, y burlarse con cariño y nostalgia de toda una generación de actores que en los ochenta eran las estrellas del cine de acción. Y en cada una de estas películas flota la pregunta: ¿qué hacemos en el nuevo siglo los dinosaurios violentos como nosotros? A veces surge una interesante respuesta como Rocky Balboa o Los indestructibles 2, pero también hay espacios para abominaciones como John Rambo.

Entonces, han pasado ocho años desde el estreno de Rocky Balboa y pareciera que este proceso interior y cinematográfico no le podría haber salido mejor al bueno de Stallone: ha vuelto a ser protagonista de películas de acción como en la entretenida Plan de escape y hasta ha generado una nueva franquicia con Los indestructibles que promete unas cuantas entregas más, al menos hasta que estos muchachotes empiecen a morir. En este contexto entra tranquilamente Ajuste de cuentas, que es -además de la obviedad de enfrentar a “Rocky” y “De Niro-La Motta”-, una comedia un poco fallida.

Tenemos un arranque interesante: el rencor añejo de dos ex boxeadores, Razor (Stallone) y The Kid (De Niro), construido en unos pocos entretenidos minutos. Luego, con un esquematismo rígido, se despliegan las subtramas que cuentan lo que son las vidas de los protagonistas treinta años después y cómo esta rivalidad extrema ha afectado la vida de todos los que quieren. La historia de amor trunco entre Kim Bassinger y Stallone es burocrática: al bueno de Sylvester le cuesta bastante mostrarse como un ser sensible y romántico. Lo mismo sucede con la historia que le toca a De Niro, con la aparición de un hijo mayor de edad al que no conocía. Ambas subtramas, lineales y estiradas, evidencian claramente su calidad de relleno.

La película dirigida por Peter Segal (Locos de ira, Como si fuera la primera vez y otras cosas que prefiero no recordar) funciona mejor cuando se convierte en una comedia de boxeo, con las burlas que recibe De Niro, y la parodia y los guiños a Rocky por parte de Stallone. Tenemos la participación de dos comic relief: por un lado el insoportable Kevin Hart, que no para de gritar y balbucear cada vez que aparece, y por el otro al divertido Alan Arkin, que hace de viejo malhumorado desde que interpretó al abuelo cocainómano de Pequeña Miss Sunshine (desde este humilde lugar le pedimos que se deje de robar por lo menos dos años). Antes de que nos olvidemos, avisamos que hay que mirar después de los créditos dos muy buenos chistes.

Retomando el principio, decíamos acerca de la revisión que ha hecho Stallone de su carrera, y cómo ha pensado los personajes que compone desde sus películas. En la opinión de este crítico, Sylvester no ha terminado de deconstruir hasta la médula el tipo de héroe que ha instalado desde hace treinta años, y lo mismo sucede aquí en Ajuste de cuentas. Stallone compone personajes de convicciones inclaudicables y, ya que estamos, es la reserva moral de sus películas y por extensión de Norteamérica, que como todos sabemos deber ser dura como el granito o -ya que estamos en el Siglo XXI- dura como el mejor material de aleación. Incluso deja los personajes más ambiguos y complejos para los demás: Schwarzenegger en Plan de escape, De Niro aquí y en Los indestructibles… bueno no hay personajes ambiguos en Los indestructibles.

Más allá de los momentos divertidos de Ajuste de cuentas, sus fallas y repeticiones nos hacen pensar que tal vez se está agotando este mecanismo de resucitación de viejas glorias. Quizás sea el momento de que Sylvester arriesgue un poco o se muera, porque de filmar no va a parar claramente. Y para terminar una última certeza: De Niro filma demasiado.

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