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MAR DEL PLATA 2012: las crónicas fantasma (V)

Por Daniel Cholakian

Lo que ayer decíamos que parecía callarse, hoy ha tenido una palabra pública fundamental, y con ella se reabre una nueva perspectiva en relación con ese debate. En la función del miércoles 21, a las 09:00 en el cine Ambassador, antes de la proyección de la película De martes a martes, proyectaron uno de los cortos institucionales que concluyen con la frase “Me gusta el cine”. Inmediatamente el presidente del Festival, José Martínez Suárez, contestó ostensiblemente a ese texto “¿y a mí que me importa?”. El público presente aplaudió, a lo que José contestó: “no hay nada que aplaudir. Yo no lo hice ni lo pedí”. De este modo, mientras queda aclarada la posición del mismo frente a esta gráfica institucional que ayer cuestionamos, se permite entrever un cierto conflicto interno, con protagonistas y futuro para nosotros desconocido.

Mientras tanto, la semana de cine sigue y sigue.

En la competencia nacional se presentó Fango de José Campusano. Continuando con su cine surgido del sur del conurbano bonaerense, de los barrios marginados, de los sectores empobrecidos, Campusano construye una historia de violencia y venganzas entre bandas del mismo barrio, articuladas sobre el génesis, apogeo y caída de una de las tantas bandas de rock que surgen y concluyen en esos barrios. Fango es el nombre de la banda de tango trash y es el terreno donde se desarrolla la vida. En un relato coral el realizador no pierde a ninguno de sus personajes por el camino, ni deja de sostener alguna de las líneas de la narración. Es así que la película, más allá de algunas arbitrariedades que sostienen la progresión dramática, se mantiene atractiva a partir de los diversos relatos. La forma en que presenta la realidad de las bandas del rock barrial y el extraño mundo regulado por mujeres (a diferencia del resto del cine de Campusano), son dos puntos clave a favor de Fango, su última realización.

Fermín Muguruza presentó Zuloak, una película sobre una banda rockera / proyecto multimedia personal, que es integrada por mujeres y cantan en euskera, el idioma natural del país vasco, de donde el realizador es oriundo. Después de la imperdible Checkpoint Rock: canciones desde Palestina, película que sigue la música de ese origen y que fuera rodada en la Franja de Gaza, en Cisjordania y en Israel, Muguruza continuó con proyectos cinematográficos, donde se permitía revelar músicos o bandas ocultas, generalmente por lugar en el marco de una política de la música que domina el mundo. Lo político no se expresa sino en develar, en este caso, la condición de mujeres, feministas y que componen sus canciones en su propio idioma, renunciando al español o al inglés, idioma que el mercado europeo prácticamente impone. También dejará ver por allí interesantes discusiones sobre políticas culturales y sobre el lugar del que filma para hacer el documental. Zuloak es, por otra parte, una potente banda de rock, que vale la pena escuchar.

La sirga, la película colombiana de William Vega, es una obra que como pocas hace potencia visual de la famosa frase del feminismo “lo personal es político”. Una joven que pertenece a un poblado que ha sido quemado llega hasta la casa de su tío, a quien apenas conoce, para alojarse allí. La película, que cuenta con mucha sencillez y pudor la reconstrucción de esas vidas, habla más por sus silencios que por sus parlamentos. Con una puesta en escena controlada por un realizador que conoce su trabajo, el “fuera de campo” y el uso del encuadre dentro del encuadre, funcionan a la perfección para crear una tenue atmósfera de peligro permanente. El clima es parábola de ese peligro que los amenaza desde lejos sin nombre y sin identidad. Toda la historia de violencia incomprensible que especialmente en los últimos diez años vive el país, está condensada en esta pequeña historia en una casa perdida frente a una laguna y apenas cinco personajes. Una pequeña joyita del cine.

Finalmente el fantasma se encontró con el maestro Birri, que acomete al Fausto criollo con una generosidad y una maestría personal -mucho más importante que en el orden cinematográfico- difícil de igualar. Homenajeando con calidez al cine de Georges Meliés e incorporando a niños en la actuación y la creación de los escenarios, algo que sólo alguien muy generoso y libre puede hacer, lleva adelante una película que alterna entre la genialidad y un formato que parece avejentado. Hay que ser muy grande para animarse a no tener ni un poco de pretenciosidad con el talento, la edad y la carrera del maestro. El fantasma, que alguna vez aprendió de Fernando Birri que la verdad del mundo sólo se observa a través del cuadro de una cámara de cine, no puede dejar de homenajear a este gran maestro de la poesía del mundo.

Queda averiguar si como anunciaron en la presentación del film, el INCAA se negó durante cuatro años al pedido de crédito para hacer esta película. No hay que acusar sin confirmar la especie. Pero si fuera cierto…

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