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“La tierra no le pertenece a nadie, le pertenece a la tierra”

Por Daniel Cholakian

En la Competencia Internacional del 27° Festival Internacional de Mar del Plata se presentó Impenetrable, la última película de Danielle Incalcaterra y Fausta Quattrini. La película es el periplo del realizador hacia el Chaco Paraguayo, región en la que su padre legó a su hermano y a él 5.000 hectáreas de bosque. En el presente ambos pretenden devolver esos terrenos a sus habitantes originales, los indios guaraníes.

Subido en una camioneta alquilada y con rumbo desconocido, Incalcaterra comienza un viaje más hacia el encuentro con el poder real en el Paraguay, que con un paraíso ecológico. Desde la apropiación de caminos públicos por parte de matones a sueldo del mayor terrateniente del país, hasta encontrarse con títulos duplicados en disputa con un hombre que tal vez sea testaferro de un ex funcionario del stronissmo, lo que se devela es el doble sentido de “impenetrable” de la región, por lo selvático, pero especialmente por la trama de poder que impide llevar a cabo el objetivo original.

-Desde su comienzo la película se construye como un viaje, con un destino incierto. Un viaje con un problema a resolver y cuyo final es impredecible. ¿Rodaste en ese orden y con todas las incertidumbres a cuesta?
Sí. Yo diría que casi todo lo que vieron, es cronológico, algunas pocas secuencias cambiaron de lugar para la comprensión de la película. Mis conversaciones con mi hermano están dispuestas en otro orden y alguna otra pequeña situación. El grueso del film, es cronológico.

-El problema de la posesión de la tierra en Paraguay es central no sólo por lo que supone el tema en cuanto corrupción y manejo burocrático, sino también por la dificultad de los pueblos originarios de acceder a la propiedad colectiva de la tierra, que es un tema que la película plantea. ¿Qué es lo que dificulta que eso se concrete?
Es difícil que se concrete en toda América, no sólo en Paraguay. Yo diría que es un problema que va desde Estados Unidos hasta la Patagonia. Estos países fueron creados con la usurpación de tierra indígena, y una vez usurpados esos territorios fueron manejados por grandes propietarios. La misma historia con la que se formó Paraguay, es similar a lo que había ocurrido antes en EE.UU.. Se expropió la tierra a los pueblos originarios, se dividió la misma entre los colonos y después propietarios que se han hecho ricos y les compran por migajas esa tierra a los primeros colonos. Esta historia de nuestro continente es universal. Pocos países reconocen la propiedad comunitaria de la tierra, que es justamente lo que reivindican todos los pueblos originarios, desde el norte hasta el sur. Los norteamericanos lo resolvieron con las reservas protegidas. Los argentinos, que después de la conquista del desierto con Julio Roca, no tenían los medios para crear reservas protegidas, dijeron «englobemos todo, todos somos argentinos». Con ese lema muchos pueblos originarios fueron englobados por la ley, pero fueron maltratados pues no tienen igualdad de condiciones con el resto de los argentinos. De ahí surge, yo diría hace 30 años, una reivindicación más fuerte de los pueblos originarios pidiendo que sea reconocida una tierra comunitaria, que son los fundamentos de su cultura. La tierra no le pertenece a nadie, le pertenece a la tierra, nosotros somos un elemento más. El hombre para la cosmología de los pueblos originarios del sur y del norte es parte de la tierra, no es el propietario.

-En la película aparecen personas de mucho poder. Favero sin dudas es un terrateniente muy importante y de algún modo te dice qué es lo que deberías hacer con tu propiedad. En un momento de la película hace un gesto manoseando el título de tu terreno y dice «tenemos que ver si esto…», dando a entender que podría no ser válido ¿Cómo fue vincularte con estos personajes poderosos y amenazantes?
Favero es el hombre con mayor cantidad de hectáreas en Paraguay, se calcula que tiene alrededor de 2.000.000 repartidas entre 13 provincias de las 17 del país. Es el principal productor de soja transgénica y el principal productor de ganado, tiene 170.000 vacas. Tiene un enorme poder. El es independiente de las principales compañías internacionales, no está ligado ni con Monsanto ni con Cargill. Tiene su propio sistema de producción, en asociación con los chinos produce agroquímicos y sus propias semillas. Un poderío absoluto e independiente. Ese señor, cuando me recibió, lo hizo como un propietario recibiendo a su vecino. Como tal no podía dejar de recibirme. Después descubrí que en mi terreno estoy rodeado por sus hectáreas. En esa zona él tiene un campo de 320.000, o sea que las 5.000 mil protegidas por mí son un brócoli al lado de las suyas, un mechoncito de pasto. Viendo las fotos satelitales a los cuatro lados de la reserva, todo el perímetro que lo rodea que son sus campos, están completamente pelados, todos desforestados por él.

El impenetrable prácticamente no muestra los pueblos originarios, ¿fue una decisión o no te encontraste con ellos en el recorrido hacia la reserva?
Empezamos filmando bastante con ellos. Para que comprendan un poco lo situación es importante conocer a los guaraníes. La diferencia entre un guaraní y un mapuche sirve para entenderlo. El mapuche es un pueblo guerrero mientras que el guaraní es agrícola o recolector. No son pueblos que se opusieron a la penetración del blanco en su territorio. Los mapuches resistieron a los españoles que no lo pudieron conquistar y resistieron hasta el último momento a Roca. Fueron conquistados con métodos norteamericanos: telégrafo, tren y Winchester. En los gobiernos anteriores al de Roca no pudieron conquistarlos. Cuando nos acercamos a los guaraníes, teníamos enfrente un pueblo pacífico y algo sumiso, pero con el tiempo tomaron mayor conciencia de su problema. Al comienzo con Fausta dijimos: “si son ellos los que van a recuperar esa tierra hay que acompañarlos, no van a ser suficientemente fuertes para hacerle frente a Favero”. Porque si yo les daba la tierra, él en cinco minutos o se las compra, o se las alquila, o directamente los echa. Justamente hablando con ellos decidimos buscar otra solución, porque entendíamos que no iba a funcionar. Así decidimos hacer una reserva, para cuando esté fortalecida, en unos años, va a quedara para ellos. Esa fue la idea que les gustó. Esas discusiones en torno a la reserva quedaron fuera de la edición, porque era más interesante mostrar los problemas vinculados a ese pedazo de tierras. Hay sólo tres secuencias con ellos.

-Llegar al presidente Lugo, a que firme el decreto ¿fue costoso políticamente?
Fue costoso para los paraguayos, porque ellos sabían que se estaba firmando un decreto sobre un título que estaba duplicado. Porque además de mi título de propiedad, había otro tan legal como este, emitido por el mismo Estado paraguayo, en manos de un ciudadano uruguayo y que originalmente había sido comprado por Miguel Teófilo Romero, un ex diputado de Stroessner. A este diputado le otorgan el título un año antes que a nosotros y él lo vende en 2008, cuando sale un informe sobre propiedades mal habidas. Se lo vende a un uruguayo, siendo Romero embajador en aquel país. Todo eso lo sabían. Pienso que por eso tardaron mucho en decidir firmar ese decreto. Sabían que firmaban algo por lo que probablemente iban a pagar las consecuencias. Todavía no han pagado por ello, pero pienso que van a tener que hacerlo en los próximos meses o años. Para Lugo la idea de la reserva en cogestión era una buena idea, pero hasta él que prometió devolver la tierra mal habida, no pudo devolver ni siquiera una hectárea durante su mandato. Me encontré con él dos veces. La primera al llegar a Paraguay, a través de una ONG que le explica cuál es mi idea original para hacer la película: devolver la tierra a los guaraníes. Lugo me recibe en su oficina y lo primero que me pregunta es “¿dónde está tu tierra?”, saca un mapa y le explico dénde está la tierra. A él políticamente le interesaba, dado que si había un extranjero que pretendía devolver la tierra, podría servir como ejemplo para que algún otro que hiciera lo mismo voluntariamente. Para él era una forma de fortalecer su política de devolución de la tierra. Pero el único boludo que quería devolver tierras era yo. A eso hay que sumarle las complicaciones con Favero, en Paraguay nadie se mete con Favero. Cuando a los amigos paraguayos les conté quién era mi vecino, me decían “vendele la tierra y andate, porque la vas a pasarla mal con este señor”. Yo pensaba inocentemente que tenía un título válido y podía arreglar las cosas con él. Pero no fueron tan fáciles los arreglos. De todos modos, siento que me respeta, porque para él soy tipo raro y hago las cosas con cierta coherencia. Aunque la última vez que nos encontramos, y eso no está filmado, palmeándome la espalda me dijo: “Danielle, está bien, hiciste la reserva. Ahora ganaste vos. Pero en este país todo se vende y todo se compra. Puede pasar cualquier cosa”.

-¿Cómo sigue la reserva?
Yo no puedo pensar que ya está todo arreglado. No está nada arreglado. Como te decía, con este nuevo Gobierno la reserva está en más peligro que antes. Me siento implicado más como ciudadano que como director, por lo que pasó, por lo que vi y por lo que está pasando. No puedo hacer una película en otro lugar del mundo. Estoy obligado a seguir con esto. Estoy buscando fondos para hacer otra película que se llamará Arcadia y que contará la toma de posición de la reserva.

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