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Según Zicka

Director: Mario Carneglia. Intérpretes: Emma Burgos, Natalia Escudero, Karina García, Paula Scarpetta, Patricia Viglianchino, Gisela Zanoli. Asistencia de dirección: Virginia Faraone. Dramaturgia: Magela Zanotta. Sala: Teatro Colón (Yrigoyen 1665).


Muy buena


Dios tiene cara de mujer

Por Virginia Ceratto

Afortunadamente la cartelera marplatense tiene ofertas exquisitas, y escribo marplatense por la ciudad que en estos meses es el gran escenario y por el origen de ciertas compañías, como este elenco, nuevamente dirigido por Mario Carneglia (con asistencia de Virginia Faraone) -posiblemente ya lo haya mencionado, un nombre que sin duda figurará en la historia del teatro de nuestra ciudad- y que cuenta con impecables actuaciones femeninas: Emma Burgos, Natalia Escudero, Karina García, Paula Scarpetta, Patricia Viglianchino y Gisela Zanoli.

El libro, de Magela Zanotta, podría bien definirse como de estirpe borgesiana, ya que sobrevuela en una historia conmovedora poniendo de relieve la dualidad entre ficción y realidad, cuyos bordes, sabemos, son imprecisos y cuyo límite es muy fácil de atravesar.

Y hay más, porque el texto se mete de lleno con la gran Historia que aún hoy desvela a la Humanidad y llena salas confesionales y profanas -ya sea en la versión ritual o en los congresos de ateísmo-: el mismísimo génesis del cristianismo.

Y hay más. Porque en Según Zicka se ponen de manifiesto, se desnudan, cuestionan y problematizan temas de honda raigambre cultural que aún son objeto de discusión: el falocentrismo, el poder del conocimiento y su revés, la opresión de la ignorancia, el derecho de los más débiles a dejar de serlo, la libertad, o mejor: el derecho a la libertad.

Y hay más: porque si Según Zicka revela, por qué no, una de las posibles versiones de esa Historia de las Historias, esto es, la Biblia, también cabe preguntarse cómo fue que ese origen fue manipulado al fin y al cabo por una corporación manejada por varones que la usaron al fin de cuentas, para su exclusivo beneficio, volviendo a relegar la figura de la mujer a la abnegación o el testimonio de lo que es permitido contar. Y esto es para exclusiva reflexión del espectador. Después de todo, muchos movimientos libertarios fueron fagocitados por el Imperio de turno por obra y para gracia de quien se beneficia con el aporte del consumidor.

Y hay más: no sólo la crítica a un mundo varonil que menosprecia la capacidad femenina, sino la mismísima capacidad femenina capaz de cambiar el orden preestablecido. Y si creemos en la versión de Zicka, la semilla está puesta.

Y más, porque Zicka campea todo el tiempo en el territorio del amor. El amor como cobijo y confianza, como lazo secreto y complicidad.

Y en este punto, cabe un aparte para ponderar el apropiado manejo del espacio y la excelente y poética iluminación, capaz de transportarnos a Oriente.

Finalmente, no sólo la puesta tiene la virtud de encantar -en el sentido de dejar al público pendiente, cautivado, hasta el final- sino que ese encantamiento se prolonga después, en una necesaria conversación de café, porque abre, para analizar la opción que presenta, una reflexión acerca de nuestra cultura occidental.

Va de nuevo el 7 de febrero y realmente, para creyentes y ateos, sería un “pecado” digno del peor de los castigos -léase 100 padrenuestros o un pase al andén de los torpes- perderse la ocasión.

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