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MAR DEL PLATA 2011: ceremonias, desprolijidades, antípodas y gallinas degolladas

Por Mex Faliero // fotos: David Pafundi

“Que tengamos suerte. Eso es todo”. Si todos los discursos fueron como el del director del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, ganaríamos en ceremonias más cortas, simples y precisas. Con esas palabras, José Martínez Suárez no sólo se desmarcó de los funcionarios y sus frases más cercanas a la campaña política que al hecho artístico y también mostró un carácter más parco que lo habitual. En los pasillos se habla de que la relación de José Martínez Suárez con la línea principal del INCAA se ha tensionado mucho más este año, y estas breves palabras son una demostración bastante concreta de que algo no anda del todo bien.

Obviamente, para desbalancear el asunto habían estado antes las palabras de la titular del INCAA, Liliana Mazure, del intendente Gustavo Pulti y del gobernador Daniel Scioli. Palabras un poco más militantes y auténticas en el primero de los casos (más allá de lo que uno pueda diferir, Mazure representa ese personaje y lo hace con coherencia), mientras que el vacío de eslóganes como “el arte es un desarrollo de lo humano” (Pulti) o “la Provincia incentiva la cultura, que genera trabajo y es generador de turismo” (Scioli) resultaron la repetición de taras que no se pueden dejar de lado: los funcionarios, antes de la banalidad cotidiana, deberían llamarse a silencio.

La ceremonia, que se desarrolló esta noche en la Sala Piazzolla del Auditórium, fue -hay que decirlo- más prolija y sencilla que lo habitual, con un escenario bien pensado, privilegiando el tono negro y con un letrero de led con luces de diversos colores centralizando la atención, donde se podía ver además el logo de este 26° Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Como número musical estuvieron parte de Los amados, esa notable agrupación kitsch que recrearon un tema de Alberto Lecuona. Luego, vino el ruso Victor Kossakovsky y su film ¡Vivan las antípodas!, pero antes hablemos de otros asuntos, vinculados con esta primera jornada.

Durante el primer texto de la cobertura de este año, hacíamos mención a la saludable decisión de involucrar más activamente a gente de la ciudad en la producción y organización del Festival. Eso, que tiene un costado positivo innegable, genera algunas dudas cuando pasan cosas como las de este sábado: a media tarde todavía había gente que no tenía su credencial lista, la sala de prensa es un salón enorme del Hotel Provincial en el que sólo hay un mostrador con dos personas. Imagínese usted el lío que era atender la llegada de cientos y cientos de personas. Restando lo insoportable que nos podemos poner los periodistas en una situación como esta, la producción no previó cosas más que obvias, sobre todo para un acontecimiento que se viene realizando desde hace quince años, todos los años. Si bien la ceremonia, como dijimos, lució prolija, cuestiones como la atención a la gente siguen siendo un problema de cada Festival, subsanado solamente por la buena predisposición y amabilidad del staff, que hace lo que puede con la poca información que posee para disfrazar las improvisaciones.

Dicho esto, centrémonos en el cine. En lo personal, la primera jornada es más de acostumbramiento. Por eso, no es mucho el cine que se ve. No obstante, la ceremonia de apertura tenía este año la posibilidad de ver una película posterior. En este caso, la mencionada ¡Vivan las antípodas! Antes del film, Kossarovsky subió al escenario y habló un poco sobre esta curiosa producción, y explicó aquello de las antípodas, qué fue lo que motivó este trabajo. El realizador ruso parece un tipo afable, simpático, un tanto como su cine, que amén de cierta búsqueda estética, tiene la suficiente apertura como para encontrar incluso el humor dentro de un documental de observación.

El film de Kossakovsky es un viaje por ocho lugares del mundo, las antípodas del título: ciudades que resultan el extremo contrario exacto en el globo terráqueo. Por ejemplo, uno de estos capítulos, el de apertura, se centra en la Argentina y China. La cámara del director es virtuosa, propone paneos sumamente expresivos y encuentra, cuando recurre a los primeros planos, imágenes subyugantes: insectos en una zona rocosa de España, lava ardiente de un volcán en Hawai, una ballena muerta en la costa de Nueva Zelanda. El problema del film es que más allá de su belleza visual, la anécdota que pretende contar es mínima, reducida para los 104 minutos que dura el film. Si lo que quiere marcar el director son las diferencias que puede haber en ciudades que son el anverso exacto, mostrar las calles colmadas de China para contrarrestarlas con un campo entrerreiano no es más que una obviedad. Con los paisanos que aparecen en Entre Ríos pasa lo mismo que con ¡Vivan las antípodas!, comienzan interesando para luego sumirse en cierta reiteración.

Antes del film ruso, tuve la oportunidad de ver la brasileña Mae e filha. Allí, una mujer vuelve al campo, donde la espera su madre, para mostrarle el cadáver de su hijo. Historia de raíces y de desapegos, de madres e hijas enfrentadas por lo real de la ciudad y lo mítico de la zona rural, cada vez que se muestra el sertao brasileño alguien grita ¡Glauber Rocha! Pero antes de que alguien haga eso, hay que decir que de aquel director este film de Petrus Cariry sólo mantiene ciertos temas y espacios, ya que la pasión y el sentimiento de aquel son cambiados por planos preciosistas y fotografía que emprolija lo feo hasta hacerlo “artístico”. En todo caso, la referencia del título a Sokurov no hace más que demostrar que este tipo de cine que se hace en Latinoamérica busca congraciarse con un formato que otros han sabido hacer mucho mejor, porque lo sienten más auténtico. Cierto tonito reaccionario, termina por limitar algunos aciertos formales de este film prescindible. Y ni qué decir del enésimo plano de una mujer degollando una gallina, que aquí se presenta como algo novedoso.

Ahora a esperar ya el domingo, donde se verá en la Competencia Internacional el debut de la argentina Graba, y donde algunos nombres importantes como los de Chantal Akerman, Bruno Dumont, Sion Sono o Kim Ki-duk le pondrán relevancia a la programación. Comenzamos a indagar en sorpresas y buenas películas escondidas, y en ese sentido se menciona a Porfirio como una de esas obras que pasan desapercibidas entre el mundanal ruido del festival: pueden verla hoy.

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