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Berlín 2011: buena recepción para la argentina Medianeras

El director argentino Gustavo Taretto presentó hoy en estreno mundial en la Berlinale su largometraje Medianeras, que relata cómo dos jóvenes solitarios y confundidos acaban encontrándose a través de internet pese a ser vecinos.

La película -91 minutos de romanticismo urbano, amable y con inteligentes guiños de humor- se presentó en el festival internacional de cine de Berlín dentro de la sección Panorama con la presencia del realizador porteño y la actriz protagonista, la española Pilar López de Ayala.

«Empecé haciendo la película para explicarme un montón de cosas. Aunque no sé si encontré respuestas. Creo que la vida moderna nos ha puesto en una carrera loca», explicó Taretto en la rueda de prensa posterior a la proyección.

Los «pilares» de su primer largometraje son, según sus palabras, la ciudad de Buenos Aires, y en especial su anárquica arquitectura, la «soledad urbana» y la «neurosis colectiva», el «aislamiento» y «la búsqueda del amor», como una sucesión de encuentros y fracasos.

Medianeras arranca presentando por separado a Martín (Javier Drolas), un diseñador web en un permanente intento de recuperarse de sus múltiples fobias y salir de su aislamiento, y a Mariana (López de Ayala), arquitecta que trabaja de escaparatista y se refugia en su apartamento tras el fracaso de una relación de cuatro años.

Sin saberlo, y pese a cruzarse en varias ocasiones, los dos protagonistas siguen buscándose a ciegas, tropezando en encuentros fallidos con terceras personas, varados en un presente incierto e incapaces de afrontar un futuro sin muchas perspectivas.

El guión -bien trabajado y plagado de metáforas, juegos de palabras y paralelismos- cuenta con la originalidad de presentar la prehistoria de una relación de amor y culmina cuando, tras mil vicisitudes, ambos personajes se encuentran.

«La tragedia se explica mucho mejor con el absurdo, con lo ilógico, la ironía y el humor. Es lo que a mí me hace tener un punto de vista más digerible sobre todo lo que tenemos delante», añadió.

IRAN REAL

El Irán real entró por la puerta grande en la Berlinale hoy con Asghar Farhadi, que dio una lección de cómo llevar al cine seres de carne y hueso, mientras el húngaro Béla Tarr trazó uno de sus bellos ejercicios fílmicos con una cinta de más dos horas, en blanco y negro, casi muda y con Nietzsche como arranque.

Si los Osos se decidieran por aclamación, a Farhadi le correspondería el de Oro, vista la ovación que se dispensó a Jodaeiye Nader az Simin y a él mismo, en su comparecencia tras el pase ante los medios, que lo recibieron como al héroe que necesitaba la 61ª Berlinale.

Irán era de por sí un plato fuerte en este festival, que mantiene como miembro del jurado «en ausencia» al cineasta Jafar Panahi, encarcelado en su país.

La ovación a Farhadi iba, sin embargo, más allá de los meros mensajes solidarios a los cineastas de ese país, que pese a todos los obstáculos genera directores como ambos.

A Farhadi se le esperaba con expectación en la Berlinale, que en 2009 le dio el Oso de Plata a la mejor dirección por Elly, su anterior lección de cómo trasladar a la pantalla a unos iraníes de a pié, con problemas o dilemas tan parejos a los de cualquier ciudadano occidental, por encima de las disparidades.

Jodaeiye Nader az Simin abunda en esa dirección y se mete en un retrato social de los seres que habitan el Teherán de hoy, donde conviven el chador y el lavavajillas y donde un cabeza de familia con un padre con Alzheimer puede verse tan desbordado para atenderle en casa como lo estaría un europeo.

La situación de partida es la petición de divorcio de su esposa, que quiere salir del país, y la decisión del marido de no dejar solo a su padre.

Necesita ayuda doméstica, la halla en una mujer que por supuesto no sabe si es acorde o no al dogma islámico desnudar y lavar a un abuelo que se orinó. A partir de ahí se suceden un nudo de conflictos éticos, sociales y también prácticos en tantas direcciones como alcance a imaginar el espectador.

Los conflictos morales, la verdad y la mentira, culpabilidad o inocencia son los ejes de su filme, cuya grandeza está en la capacidad de generar empatía hacia cualquiera de los personajes en conflicto, con un manejo de los actores que roza la perfección.

Con expectación se aguardaba asimismo la segunda película a concurso hoy, A torinoo lo de Tarr, el más veterano entre los 16 aspirantes a Oso de la Berlinale y del que se esperaba una de sus lecciones de mutismo y belleza visual.

El punto de partida es lo ocurrido la mañana del 3 de enero de 1889, cuando Nietzsche sale de su hotel de Turín, ve a un cochero castigando con el látigo a un caballo, se interpone y a partir de ahí rompe definitivamente con la humanidad. Pronuncia una última frase a su madre y cae irremisiblemente en la locura.

Tarr dedica al episodio el arranque, que relata una voz en off. El núcleo del film son los días sucesivos del cochero, su hija y el caballo, en una casa mísera y aislada, entre patatales azotados por vendavales, que relata con extrema minuciosidad.

El viento es invariable, el plato diario que comen padre e hija, también -una papa hervida cada uno-, como lo es el resto de sus rutinarios movimientos de vestirse, calzarse, ir a por agua al pozo y comunicarse monosilábicamente, sólo cuando es imprescindible.

Un ejercicio visual y fílmico de esos que sólo se pueden vivir en un festival o en una escuela de cine, sólo recomendable a quienes se dejan arrastrar a la fascinación por la lentitud y el repertorio de grises, en toda su variedad.

La decepción de la jornada a concurso fue The future dirigido y protagonizado por Miranda July, Cámara de Oro en Cannes en 2005 por su primera película, Me and you and everyone we know.

De July se esperaba algo más refrescante que un filme que discurre entre ensoñaciones bobas y sustentado en una pareja de seres clónicos -ella y Hamish Linklater-, que además de compartir peinado, adicción a internet y redes sociales sufren de parecido aburrimiento.

Puestos a buscar un sentido a su existencia, y tras muchas reflexiones, deciden adoptar un gato enfermo. Una gran responsabilidad para esos seres inermes, que echará por tierra July el día en que, de tanto aburrirse en casa, se busca otra compañía.

TAMBIEN LA LLUVIA

La Berlinale acogió hoy el estreno internacional de la película de Icíar Bollaín También la lluvia, un filme que une hasta tres narraciones en su seno y juega a comparar las injusticias de ayer y de hoy en América Latina.

El largometraje, que recibió una cálida acogida en Berlín, narra el conflicto en el que naufraga el equipo de rodaje de una película sobre Cristóbal Colón que se filma en Cochabamba (Bolivia), cuando estallan las llamadas Guerras del agua, una revuelta real acaecida en 2000 en esta ciudad por la privatización del servicio de distribución de agua.

«Esta película es básicamente un canto a la resistencia. Cuenta las Guerras del agua, que es una de las pocas guerras que ha ganado una organización social en los últimos años. Fue una guerra con un planteamiento justo y se ganó», destacó en una entrevista a EFE el principal protagonista de la producción, Luis Tosar.

El guión, a cargo de Paul Laverty, entrelaza de manera magistral la épica histórica del descubrimiento de América con el conflicto social boliviano y esboza terribles paralelismos, a la vez que pincela el carácter de los protagonistas, sus recovecos y contradicciones, y cómo el conflicto les obliga a posicionarse.

Por otra parte, en conferencia, el actor Luis Tosar afirmó hoy no sentirse decepcionado por los resultados de los premios Goya, entregados el domingo, y destacó que Pa negre es una gran película, aunque él preveía un reparto más equilibrado de los galardones.

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