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Ocho miradas sobre el 25º Festival de Cine

Porque escindir la mirada sobre el 25º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata a un solo punto de vista hubiera sido injusto y, además, poco preciso, todo el staff de FANCINEMA fue invitado a dejar sus impresiones sobre esta semana a puro cine. Se sabe: nadie puede negar lo político de este encuentro, pero a partir del vínculo que generamos con las películas lo frío del cálculo cede un lugar muy importante al romanticismo. Por eso, cada uno de los redactores -con la libertad de poder discurrir sobre cualquier tema-, abordó el certamen por el lugar que quiso: y así surgieron puntos de vista que hicieron foco en la poética de las imágenes o aquellos que se reconocen lejos del gusto de los jurados; y apareció el que no pudo estar presente, el que se rió mucho, el que destacó anécdotas, el que confesó que al conocer más sobre el tema arriesga menos a la hora de elegir películas. Y, además, cada uno eligió un top five con las mejores películas. A continuación, y por orden de llegada, ocho redactores del sitio dejan sus impresiones personalísimas sobre lo que pasó y sobre lo que les pasó con eso que pasó.


Por Rodrigo Seijas

En el último día del Festival, durante la entrega de los premios, se cayó el servidor y durante un par de horas no se pudo entrar a la página web de Fancinema. Yo, que soy “un poco” ansioso, al no poder comunicarme con los compañeros del sitio, a los que tenía a 400 kilómetros de distancia, caminaba por las paredes. Esta es una anécdota básica, pero sirve para ilustrar que un festival de cine como el de Mar del Plata está para trascenderse a sí mismo. Su arco de influencia es mucho mayor que un conjunto de 300 películas. Implica intercambio, política, ideología, un marco cultural. Se definen perspectivas que tienen repercusiones en, por ejemplo, la cartelera cinematográfica. O en las chances de éxito de muchos filmes nacionales e internacionales. Yo eso lo pude sentir a lo largo de estos días en que no vi ningún filme, no entrevisté a nadie, no asistí a ninguna conferencia. Es más, ni siquiera estuve en Mar del Plata, pero igual eso me llegó. El Festival me llegó, para bien y para mal. Y creo que eso es lo que todavía las autoridades involucradas -directa e indirectamente-, los críticos, el público, no hemos comprendido cabalmente: los alcances y limitaciones de un festival. Cuando se logre esa autoconciencia, el Festival podrá construir la identidad que tanto necesita, y que sólo de a ratos puede definir.


Por Mex Faliero

Siempre digo que no hay un Festival, sino tantos como espectadores haya. Es decir: sí hay uno si sólo nos ponemos a sacar conclusiones de la competencia o si nos especificamos en cuestiones organizativas. Pero si medimos el Festival por lo que pudimos ver, indudablemente que cada uno podrá hacer el recorte que desee. Y para mí, esta 25ª edición fue la mejor, la que más me divertí, la que obtuve un promedio favorable de calificaciones. Básicamente adjudico esto a que opté, tal vez por primera vez, en hacer un recorte y recorrer una programación específica, en este caso más orientada a la comedia. Claro que no eludí un Lee Chan-dong o un Kitano, aunque incluso ahí encontré también pasos de humor muy efectivos. Pero siguiendo la comedia, que es mi género favorito -sí, ese género menor-, me permitió recuperar algo que nunca había visto como las comedias de John Hughes (y adelanto que se viene un texto sobre esto) o descubrir algo totalmente desconocido como la retrospectiva de Pierre Etaix. Hasta el espíritu de Will Ferrell sobrevoló el festival -¡oh no, herejía! qué dirán mis amigos intelectuales- con Megamente y la disparatadísima, y original, y creativa, y divertida, y despreocupada, Ivory tower. Pero ahí, donde las carcajadas se convirtieron en una burbuja pop, fue durante la función de Scott Pilgrim vs. The World, esa maravilla que nunca más podremos ver en una pantalla grande y que sirvió como gran encuentro entre amigos, para pasarla bien y disfrutar en grande. Tal vez cuando en la previa se habla de un festival de cine nadie piensa en la diversión que esto conlleva. ¿O hay algo más absurdo que una masa de seres humanos corriendo de sala en sala para ver una película de la que no tienen ni idea?

Top five: 1- Scott Pilgrim vs. The World; 2- Poetry; 3- Yoyo; 4- Ivory tower; 5- Tournée.


Por Juan Manuel Quintanilla

Festivales de cine hay miles, en el país más de 50, en el mundo, vaya uno a saber cuántos. Pero en el Internacional de Mar del Plata, también hay muchos dentro del mismo. Con 300 filmes y competencias y secciones en continuado durante quince horas diarias es difícil saber si lo que uno eligió, lo que pudo ver y lo que finalmente vio, fue lo mejor, lo menos malo o simplemente decente. Con el diario del lunes se pueden hacer muchos balances pero durante los 9 días de la competencia las incertidumbres eran más que las fijas, los horarios disponibles mucho menores a lo deseado y las ganas de ver demasiadas en relación a la resistencia física. Las corridas de sala en sala, encontrar un lugar donde estacionar el auto, el encuentro con amigos y amigas -esos que sólo ves en estos eventos- y la pregunta “¿qué viste que te gustó?”, obligada en esos encuentros, marcaron mi Festival. Un recorrido por directores “que garpan” (Hong Sang-soo, Kitano, Lee Chan-dong, Sofia Coppola), por recomendaciones de otros festivales (Tuesday after Chrsitmas, El ilusionista, Poetry) y mucho de “a ver qué onda” (competencias, cortos e Historias breves y meterse en un cine para ver algo mientras hacés tiempo para la próxima del día) marcaron mi Festival. Sin duda, fue un muy buen Festival, por lo visto, por los encuentros y por las películas. Fue mi Festival, ni mejor ni peor, sólo distinto, al de cada uno de los miles de espectadores que pasaron por las salas marplatenses. Un placer que se da una vez al año, a pesar del agotamiento, a pesar de las poses, de las filas y de las señoras y señores que te pedían recomendaciones por creerte importante al tener la cinta roja de Cinecolor en el cuello.

Top five: 1- Tournée; 2- Poetry; 3- El ilusionista; 4- Fase 7; 5- Abel


Por Julieta Paladino

Acaba de concluir el evento cultural más importante que tiene cada año Mar del Plata, durante una semana en la cual la ciudad da lugar a visitantes muy diversos de los de la temporada estiva que, en vez de consumir teatro de revistas y playa, son adictos al mejor cine internacional. La ciudad crece culturalmente con cada nuevo Festival y no podemos perderlo, así como no debemos tolerar las críticas destructivas de algunos medios de comunicación o el desinterés y la ineptitud de los medios locales más grandes. Este Festival fue tan bueno como otros y probablemente uno de los más organizados (nunca la grilla y la programación estuvieron con tanto anticipo en Internet). Sin los derroches de dinero a los que estábamos acostumbrados hace 5 años, igualmente fuimos honrados por la presencia de invitados de la magnitud de Bruno Ganz, Roman Gubern, John Sayles, Hal Hartley, Dominique Sanda, entre otros. La calidad de las películas fue excelente y por primera vez el diseño del Festival y el merchandising fueron también atractivos estética y comercialmente. En lo personal, acaba de terminar mi mejor semana del año, una de las pocas ocasiones de escapar del cine puramente comercial y ver estas obras de arte en pantalla grande. ¿Quién sabe si me apasionaría tanto el cine si no hubiera tenido la oportunidad desde los 11 años de vivir en esta ciudad y concurrir año tras año al Festival? Mi padre fue quien nos trajo y lo recuerdo en 1996 escabulléndose con su vieja filmadora, haciéndose pasar por un periodista de la RAI, mientras mi madre y yo nos quedábamos afuera. Ahora, luego de 14 años, tengo la suerte por primera vez en mi vida de formar parte de un medio como FANCINEMA y de poder ser parte del engranaje de difusión de este Festival al que amo y que cada año me vuelve a emocionar como la primera vez. Queda mucho para hacer para que toda la ciudadanía se interese y participe, y deberemos seguir defendiéndolo con uñas y dientes y hacer todo lo posible para que el cine no sea para Mar del Plata una cita de un par de veces al año, sino algo cotidiano, con instituciones públicas en las cuales poder estudiar y con una industria local. Muchos creen que no tendremos la suerte de ver este sueño cumplido, espero que se equivoquen y que esta ciudad pueda convertirse realmente el la capital del cine latinoamericano.

Top five: 1- Yo maté a mi madre; 2- Scott Pilgrim vs. The world; 3- Kaboom; 4- Biblioteque Pascal; 5- La carne


Por Gabriel Piquet

Hace muchos años que no estaba tan metido en el Festival. Mis últimas incursiones habían sido como espectador, pero en ese caso no tenía que criticar películas: con un simple “me gustó” o “no me gustó” era suficiente. Al tener que emitir juicios de valor la cosa un poco cambia, uno queda más expuesto al dar opiniones que por ahí se las daría a un grupo de amigos. Tengo que decir que la experiencia me gustó y la volvería a repetir. El estar en las salas, cruzarse gente e intercambiar comentarios es muy del Festival y su ámbito. Esos 8 días son de una aceleración (por lo menos para mí) que no repito en otro evento del año. Al terminar, queda un vacío que sólo los cinéfilos pueden describir. No tenés con quién hablar de cine (salvo con un grupo de gente que cada vez se hace más reducido) y la experiencia semanal o mensual en el circuito comercial durante el año no es lo mismo. En materia de sorpresas, las más gratas las tuve el primer fin de semana con Yoyo (Pierre Etaix) y Wake in fright (Ted Kotcheff), copias que pude disfrutar en cine y de muy buena calidad (cómo se extraña ese grano que tenían la películas viejas). Mención especial merecen las andanzas que tuvimos con el Sr. Caracciolo con quien nuestro gusto por las mismas películas nos llevó a idear guiones (espero se concreten) entre película y película, café por medio. Por último, dar las gracias a la gente de FANCINEMA que me dio lugar en su staff para poder expresar lo que pensaba de algunas de las películas del Festival. Y, algo que me di cuenta, es que entre algunos jurados y yo no hay ni un atisbo de que nos guste lo mismo. Si no, lean las mini-críticas que realicé de algunas películas y lo premios que se entregaron.

Top five: 1-Yoyo; 2-Wake in fright; 3-Spark of being; 4-Tournee; 5- Scot Pilgrim vs. The World


Por Cristian Ariel Mangini

Otro Festival queda atrás. Como si se tratara de una ruta conocida sobre la cual se vuelve con más experiencia, pero con la capacidad de asombro intacta ante la belleza que se encuentra al cruzarla, así transcurren cada uno de estos encuentros donde en ese frenesí de cubrirlo se aprende la lección más valiosa que pueda tener quien desee ser crítico o redactor de cine, o como diablos le guste denominarse: no existen caminos previsibles. Vayan con la mente abierta, dejen esas etiquetas de prejuicios sobre alguna mesada para el resto del año. Aquí el cine deja en un corto tiempo la posibilidad de rever, de contrastar, de visitar otros vecindarios extraños, de la misma manera que en nuestra primaria creíamos descubrir un mundo detrás de terrenos baldíos o una casa abandonada. Es ese descubrimiento, ese asombro inicial, esa energía implacable de la niñez, la que nos empuja a una curiosidad donde aparece la posibilidad de la sorpresa entre los grises del resto del año. Por decirlo de otra manera, en un festival existe aún la posibilidad de sorprenderse, razón por la cual es un hecho tan emocional como intelectual. ¿Dije de escribir sobre cine, verdad? A veces me pregunto qué hago forzándome a estas velocidades escribiendo textos que quién sabe quién leerá, si son leídos; me pregunto a quién escribo o a qué le escribo y tengo la respuesta en las imágenes. Cuando pasás la mayor cantidad de tus 24 horas sumergido entre imágenes que se abren como líneas de fuga, la arquitectura del mundo cambia radicalmente. El nexo entre mi habitación y las salas de cine se hace más borroso y extrañamente familiar, y puedo entre pocas horas de sueño darme cuenta que la realidad puede adquirir la textura de los sueños. Mi forma de codificar esas imágenes es transmitir mi interpretación para que haya más partícipes de este sentimiento. Para gritarle a esta ciudad, mi ciudad; estos vecindarios, mis vecindarios; que lo que pasa es importante, que no es tan inaccesible como algunos osaron decir y que se aprende y se disfruta. Puede que no convenza a los pibes que creían que una de las largas colas del Ambassador era porque se estaba jugando el River-Boca, o a las mujeres que al ver una tribu de “alternos” dicen que son “gente rara” o a los chicos y padres que puteaban porque Harry Potter aún no se estrenaba. Pero sé que hay gente joven que quiere cambiar esto, que está cansada de formar parte de una vitrina a través de la cual el Festival resulta ajeno, que en verdad desea incorporar el Festival al espacio físico donde se hace. Y sé que aún hay gente que desea sorprenderse. De lo contrario dejaré de ser un romántico y seguiré buceando entre las imágenes.

Top five: 1- Scott Pilgrim vs. The World; 2- Arrebato; 3- De caravana; 4- Essential killing; 5-Tuesday after Christmas


Por Javier Luzi

Un festival de cine es más que una sumatoria de películas en una sucesión interminable de funciones durante siete días agotadores pero felicísimos. Y ese plus es lo intransferible, lo que se adhiere a los filmes y les agrega su toque particular y hace a cada festival una experiencia propia y única. Apunto algunos recuerdos de éste: José Martínez Suárez pasando por la fila que se extendía desde el Ambassador doblando por San Martín para anunciar que la función venía retrasada diez minutos. La señora que me escuchó decirle a una amiga que después de esa función iría a ver Malón y se colgó hablándome de sus orígenes mitad alemanes y mitad indígenas. El clásico de las preguntas al final de las proyecciones que son comentarios, no preguntan nada y apenas demuestran que hay personas con un ego tan grande que ni se dan cuenta de sus propias limitaciones. La proyección de La noche que no acaba que debía empezar 22:15 y haciendo honor a su título comenzó más de una hora tarde. La conexión de Internet en la sala de prensa, uno se comunicaba más rápido si intentaba con señales de humo. La señora en la función de Outrage que no paraba de comer alguna golosina envuelta en papeles ruidosos mientras en la pantalla se sucedía un continuado de masacres sanguinolentas. Las personas que al verte con una credencial colgada al cuello suponen que una recomendación nuestra puede ser la salvación. Y uno que hace rato que descubrió que de oráculo, nada. Las corridas entre cine y cine porque las demoras en las funciones (los primeros días) acortaban los tiempos entre función y función elegida y cuando llegabas, después del maratón esquivando gente y autos, te encontrabas con que esa función también se había retrasado y aún no habían dado sala. La función de Los amores imaginarios en los cines del Paseo que están en el subsuelo del shopping y la cola para entrar nos hacía subir las escaleras hasta llegar al nivel de la calle. La señora que me alumbró con una linternita mientras tomaba algunos apuntes sobre la película anterior iluminándome con el celular porque ya se había apagado la luz para comenzar la función, “para que no se te gaste la batería”. El descubrimiento de Xavier Dolan, un jovencísimo director canadiense (21 años), que con sus dos películas me convirtió en su fan.

Top five: 1- Los amores imaginarios; 2- Scott Pilgrim vs. The World; 3- Yo maté a mi madre; 4- Kaboom; 5- Road July


Por David Pafundi

Otro Festival que se va, el mismo sentimiento de vacío de siempre. Saber que al día siguiente hay que volver a la rutina es terrible, es parte de la depresión post festivalera después de haber estado eufórico por el maratón de películas, el correr de sala en sala, comer al paso, esquivar a la gente por las escaleras mecánicas para no pasarles por arriba, las recomendaciones diarias con colegas para reacomodar la grilla, soportar a los inadaptados de siempre que llegan 20 minutos tarde al cine y se pelean con las acomodadoras porque no tienen lugar, querer estar en una charla y al mismo tiempo no perderse la última de algún director asiático de renombre. Las horas nunca alcanzan. El Festival constituye algo esencial para el espíritu del cinéfilo, una persona en mayor o menor medida solitaria: el hecho de estar durante una semana encerrado en una sala funciona a la vez como refugio donde se pierde la noción del tiempo y no se piensa en nada más que cine. Haciendo un paralelismo con Arrebato de Iván Zulueta, el cine en estos días se convierte en una pulsión, algo hipnótico, una obsesión, y a medida que avanzan los festivales se convierte en algo nostálgico. Como espectador tenía más riesgo a la hora de elegir films en las primeras ediciones, porque apenas conocía a un puñado de directores. Entonces la referencia era el boca en boca o simplemente el título en la grilla, y a veces estaba la famosa “película sorpresa” y te tocaba la suerte de ver una de… ¡Hugo Sofovich! Al final del día eso no importaba, era cuestión de buscar diversidad y cantidad, casi como una competencia de quién había visto más títulos al cierre de cada edición. Tuve la suerte haber podido hacerme el tiempo año tras año para abocarme de lleno al Festival, e incluso evitaba festejar mis cumpleaños con tal de no perderme horas de cine. En busca de una mirada más analítica y crítica llegaría el descontento, con algunos mamarrachos en la competencia oficial como Viva Cuba, la falta de identidad como bien menciona más arriba Seijas, las desorganizaciones, la escasa voluntad de la Municipalidad por difundir el Festival (recuerdo que en 2008 colgaron un flyer dos días antes del final) y el cambio de marzo a noviembre, que para el público joven es la peor época (y a su vez genera menos ingresos). En la 24ª edición se habló por parte de la crítica de la falta de riesgo, buenas películas (algunas excelentes como V.O.S y The time that remains) pero que ya habían sido premiadas en otros festivales, nadie estrenaba en Mar Del Plata. Martínez Suárez en aquel momento repetía el mismo slogan que este año: “las estrellas son las películas” y con esto apuntaba (y apunta) a las retrospectivas y homenajes, un hallazgo indiscutible de los programadores (Melville en 2008, Las omisiones de la Academia, las adaptaciones de Simenon y este año con Pierre Etaix). Si bien esta última competencia internacional trajo un nivel bastante parejo, no hubo films excepcionales de los que uno pueda recordar en un par de años. Que cada vez  menos directores vengan a la ciudad a presentar sus películas es un problema grave a tener en cuenta.

Top five: 1- Scott Piligrim vs. The World; 2-Yoyo; 3-Arrebato; 4- Yo maté a mi madre; 5- Tournée


Fotos: David Pafundi

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