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Terror en la Antártida

Demasiado frío

Por Cristian A. Mangini

Terror en la AntártidaDecir que Terror en la Antártida, la última película del irregular Dominic Sena, es poco interesante sería redundante. Y esto sucede porque el desarrollo de la trama no se escapa en ningún momento de una insoportable superficialidad que la hace un thriller previsible, con personajes apenas esbozados, y un desarrollo visual poco interesante y poco aprovechado en función de la exploración de una locación como la Antártida (por supuesto, estamos hablando en términos diegéticos) y la acción que se desarrolla allí. No hay giros demasiado elaborados ni protagonistas que cuenten con alguna profundidad, además de que todo aparece sobre explicado por diálogos y flashbacks torpemente dispuestos por el guión en función de darle un trasfondo más denso a la oficial Carrie Stetko (Kate Beckinsale). Pero es aquí donde también falla y si el film no cae en el aburrimiento total es debido a algunas secuencias de acción, particularmente la del climax en el medio de la tormenta de hielo, que se entienda o no logra darle tensión al film.

La película comienza con un caótico tiroteo que es el flashback que representa la búsqueda del preciado objeto que marca la cadena de asesinatos investigados por Stetko. Luego, elipsis, y tenemos a un plano secuencia descriptivo que abandona el punto de vista de nuestra protagonista ingresando en la base y resulta torpe en su concepción pero tiene una virtud: Kate Beckinsale. La figura de la actriz, grácil y felina, deslizándose a través de los túneles monótonos mientras contemplamos su cuerpo perderse en una lluvia de agua es puro softcore, casi de propaganda de lencería, pero no deja de ser una exaltación de su belleza femenina y el director comprende eso. Más allá de lo copado que pueda resultar una secuencia como esta hay que decirlo: no cumple con ninguna función narrativa y su inserción en la introducción del film resulta casi risible. Si tuviera que utilizar un término para describirla sería uno que corresponde a la animación japonesa: fanservice. Francamente, no se lo podría definir mejor.

Luego la película se dedica a desenvolverse en el thriller con una cadena de asesinatos, un temible loco del hacha y personajes ambiguos de los cuales ya sabrán, probablemente a los 40 minutos, cual es el que esta “detrás de todo”. Y la fotografía azulada y fría, junto a la música electrónica contribuyen a generar climas que, por desgracia, son desperdiciados porque el paisaje y el espacio es poco explorado y se trata de un elemento más de la trama. Quizá hay que destacar la brutalidad de la violencia y ciertas secuencias un tanto rústicas que contribuyen a que nos quedemos pegados a la acción, el problema es que estas secuencias son tan aisladas como el “fanservice” de Stetko –salvo el mencionado clímax, que realmente tiene relieve en la trama-. Otro problema que verán serán lo ridículo de algunos diálogos del tipo: “Tenemos que llegar a X antes que comience la tormenta” o “Está frío aquí” (¡o sea, están en la Antártida!) y a esto hay que sumar el absurdo de cómo el verosímil de los efectos del frío es manipulado. A veces puede costar dos dedos y otras es algo anecdótico de lo que se puede salir indemne, intactos, maquillaje incluido.

No mucho más que agregar. Se trata de un thriller olvidable, con la locación como elemento anecdótico (para más datos, en verdad fue filmada en Canadá), y una actriz que maneja bien el registro de acción a pesar de que falla en algunos momentos dramáticos, junto a figuras con actuaciones previsibles como Gabriel Macht o Tom Skerrit. Y si creen que la palabra previsible se repitió mucho durante esta reseña es porque esto es un thriller, y caer en esa categoría en cada apartado del film es una falla que se condice con el género. Y es lo que termina de hundirla en la nieve a pesar de sus buenos momentos de acción.

4 puntos

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