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El juego del miedo 5

Sobre sagas y secuelas

Por Rodrigo Seijas


4 puntos


A veces se hace difícil distinguir las diferencias entre una saga y una secuela. Con el caso de El juego del miedo V, no viene mal aclararlas.

Una saga, a lo largo de sus diferentes entregas, va desarrollando una historia, agregando nuevas características a sus protagonistas, complejizando la trama, agregando nuevos elementos destinados a configurar una totalidad donde cada parte tiene su importancia particular, formando una cadena de significantes y significados que promueven en el espectador una actividad receptiva e interpretativa muy fuerte. Podemos situar como ejemplos las cuatro entregas de Indiana Jones, El señor de los anillos, Harry Potter, El padrino, Alien, Terminator, etcétera.

Las diferentes sucesiones de secuelas sólo se adaptan a un molde, al que repiten sin cesar, sólo con ligeras variaciones, destinado a un público automatizado. Podemos citar los casos de Halloween, Freddy, Jason o Depredador, que sólo en ciertos momentos de autoconciencia pura son capaces de emanar aire fresco.

El juego del miedo intenta ser una saga, pero su espíritu y desempeño termina siendo el de una sucesión de secuelas. Detrás de una historia con ínfulas de complejidad, cada vez más enredada a medida que se suceden diversos capítulos, lo único que hay es un modelito a repetición, expuesto y frecuentado hasta el hartazgo, sin innovación.

En la que es ya su quinta parte, se cuenta cómo el Detective Hoffman, quien se revelaba en Saw IV como el segundo colaborador del asesino Jigsaw -un tipo muy traumado por la vida que obliga a sus víctimas a desempeñarse en un juego mortal, donde la supervivencia física es supuestamente al mismo tiempo un renacimiento moral- y el continuador de su macabra obra, se encuentra de repente en un problema: el agente del FBI Strahm comienza a sospechar de él y a atar cabos, con lo cual su buen nombre se ve comprometido. En el medio, cinco personas se ven forzadas a enfrentarse a un nuevo jueguito sangriento, que involucra huesos quebrados, sangre a borbotones, tripas salientes, dolor, gritos, y así.

El juego del miedo V pretende ser un tratado sobre la moral, mezclando ciertas reglas del policial con el terror gore, apelando a frases de supuesta trascendencia y explorando las historias de los personajes, remitiéndose incluso hasta la primera parte, en el intento de resignificar determinadas secuencias.

Pero nunca se sale de lo obvio ni hay una inmersión verdaderamente enriquecedora en el relato. Están las torturas habituales, las vueltas de tuerca esperadas, las matanzas de rigor. Pero no mucho más. Lo que les pasa a los protagonistas importa más bien poco, en especial para un público que sólo le es fiel a esa competencia de asquerosidades.

Saw, sus hasta ahora cinco entregas y las que vendrán (ya está anunciada una sexta para el año que viene) comprenden en verdad una franquicia, en el sentido más económico del término. Encontraron una veta: el masoquismo audiovisual de muchos espectadores del cine de terror actual, que lo que menos buscan es el sentir algo cercano al miedo, sino sólo ver hasta dónde aguanta el estómago la agresión a los sentidos. Eso es lo único que asusta de la película.

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