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Rec

Realidad y rialidad

Por Juan Francisco Gacitua

En [Rec] la realidad es el motor que le da el sabor a las situaciones de distinta índole que la cámara del insípido Pablo registra. Todo lo que sucede, horrendo, cotidiano, sobrenatural o típico, está enfocado socialmente, para ver cómo reaccionan los vecinos y el resto de las personas atrapadas en el edificio. En las escenas de terror se puede notar el trazo Romeriano (aunque también muy de libro de King) sobre cómo se meten los prejuicios y la discriminación en el intento de comunidad frente a la adversidad. En este caso, asistimos a la muestra del desprecio de los nativos hacia los inmigrantes en el edificio, tan bien introducido que surge tanto en una discusión de consorcio como en ver quién tiene la rabia, antes de que se pudra todo. Ahora ¿qué es este tono que se usa en las escenas más relajadas? Lejos del peligro, Ángela decide descontracturar el ambiente con algunas preguntas sobre lo sucedido. El practicante que asiste a los heridos expresa su sorpresa, una pareja de ancianos cuenta lo poco que saben pero termina discutiendo, un viejo muy amanerado le echa la culpa a los chinos, la china explica con muchos nervios y un pobre castellano cómo vio caer un cadáver, la nena, qué le pasó a su perro, y la altanera de su madre qué acciones va a tomar cuando todo termine. Estas escenas se toman su tiempo, no escatiman en detalles menores, y la magia sucede sin que suceda nada muy importante. Pasos en falso son notables en cuanto estalla la histeria colectiva, y todo se funde en peleas de cabecillas, cuestionamientos a la autoridad y muletillas españolas en exceso.

Argumentalmente es más difícil hablar de realidad, pero el relato da una veta científica al mal que se apodera de todos los presentes, proveniente del perro de la nena que, les decía, hablaba con Ángela y le permite identificarla como la portadora. Desde el momento de este descubrimiento la película toma un gran envión, poniendo en conflicto mutuo a todos los personajes: que si me mordió, que si esposarla o soltarla, que mejor alejarse, que por dónde salir. Cuando no parece haber escapatoria para los reporteros, de golpe y porrazo se mete lo místico, un experimento antiguo y gente encerrada en un ático.

Así es la historia con [Rec], la tensión entre una realidad potente y sin tapujos y cierta necesidad –incomprensible- de condimentarla como sea.

Lo innegable es la excelente ejecución técnica, imagen y sonido que, más allá del típico vértigo del pulso humano, ahogan, encierran, intrigan antes del susto, asustan, y me impiden escribirles con la luz apagada.

7 puntos

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