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Motivos para no enamorarse

Una propuesta comestible

Por Cristian A. Mangini

Si, seguramente es extraño que estemos hablando de una nueva comedia romántica nacional en menos de un mes, pero así están las cosas y, más allá de la cuestionable calidad de la película que nos ocupa y la de Taratuto, no deja de ser positivo que existan estas alternativas dentro de la industria cinematográfica nacional. La razón es simple: con esto se pretende recuperar a un público más volcado al entretenimiento que a lo estrafalariamente sublime o “lo popular” que en general representan los productos de culto (?). Hay que decirlo, no es que se haya perdido el interés en la comedia romántica (u otras películas de género, como el terror) sino que, o no se difunden fuera de esa “Cabeza de Goliat” que es capital, o no hay un mercado  que se interese en producir o distribuir este tipo de contenidos.

Yendo a la película que nos compete, Motivos para no enamorarse es un film correcto, sin demasiado vuelo y, por momentos, peca de naif. Por supuesto, lo naif es el concepto trillado de amor y las diferencias de edad, más una visión cultural que parece asimilarse a los personajes, enfrentando a lo nuevo con lo viejo, diciendo que todo lo contemporáneo es falso y maleable. Sin embargo, y a pesar de los cuestionables puntos de giro que sufre durante el desarrollo de la película el personaje de Jorge Marrale (Teo), quién de repente larga uno de esos monólogos que dan “la experiencia a la juventud” a una Celeste Cid (Clara) en estado depresivo, la película funciona porque es entretenida, a pesar de tener un guión donde el desenlace parece haberse desmejorado y forzado para que el final encaje con cierta corrección en torno a la relación entre Clara y Teo. Por otro lado, la película encuentra buenos argumentos en torno a la situación de estancamiento que sufren ambos personajes, a menudo reflexionando sobre las imposibilidades de cada uno y, aunque suene a cliché, estas cuestiones están bien expresadas en la película (la abulia juvenil ante el desasosiego de la falta de oportunidades y la abulia de la ancianidad ante la desesperanza de esperar algo más de la vida).

Por otro lado, hay una buena construcción de personajes durante la introducción del film que, como ya hemos mencionado previamente, con el desarrollo del film se torna difícil de sostener. El patetismo encarnado en el personaje de Clara, bien expresado por una buena actuación de Celeste Cid, atrapada en la rutina del call center, la falta de mejores oportunidades y el desengaño amoroso, se encuentra con la de Teo, un gran Jorge Marrale estancado en una vida monótona y predecible. La resolución de este encuentro, que se remonta a la “screwball comedy” por momentos, es correcto pero no termina de cuajar en el verosímil de la película. Así, introducción y desarrollo parecen contradecirse, sin hacer demasiado ruido, para dar una historia digerible –también hay una metáfora con la comida en la película, pero ya se ha expresado numerosas veces en el cine y no se desarrollará aquí- y sencilla que en algún momento pudo haber sido mejor. El apartado técnico trabaja con algunos recursos interesantes que ayudan a definir mejor el perfil de los personajes, la subjetiva de Clara cuando se le presenta en ralentizado el personaje de Esteban Melino es loable porque demuestra el nivel de expectativa del personaje. Por otro lado, el color rojo para generar contrastes sobre el personaje de Clara, ayudan a definir la angustia con una peculiar búsqueda estética, sin que esto resulte artificioso. Desde el sonido, se trabaja con el off de las agujas del reloj para definir a Teo, quien aparece en el comienzo del film oprimido por la cuestión del tiempo.

Sin ser una sorpresa esta película del director de la reaccionaria El boquete, se deja ver y tiene un nivel aceptable que pretende contar nuevamente una historia que funciona, pero que no ofrece nada innovador. Por supuesto, lo innovador es la presencia del género en el cartel, y enhorabuena por eso, más allá del nivel demostrado hasta el momento.

5 puntos

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